Recorriendo las calles de mi barrio me he dado cuenta de algo fascinante: la enorme cantidad de persianas metálicas transformadas en auténticos lienzos urbanos. Lo que antes era un paisaje sombrío de metal gris al cerrar los comercios, hoy es una muestra de arte con una belleza muy particular.
Increíbles artistas del grafiti, armados con sus espráis y bocetos, son contratados por los comerciantes o comunidades de vecinos para dar vida a estos espacios. Hay de todo: desde puertas de garaje hasta fachadas de establecimientos comerciales, algunas con mensajes publicitarios directos y otras con composiciones puramente abstractas o figurativas. Es una idea brillante que no solo personaliza cada negocio, sino que llena de color, identidad y creatividad nuestras calles.
Lo más revelador es el respeto que rodea a estas obras. Todas están firmadas y existe un código no escrito en la cultura del arte urbano: la pieza terminada se respeta. Este pacto implícito protege las fachadas del vandalismo descuidado y permite que la obra se conserve intacta durante años.
Se crea así un beneficio mutuo perfecto. El comerciante o propietario protege su fachada y da una imagen cuidada a su local incluso fuera del horario comercial, mientras que el artista encuentra un lienzo de gran visibilidad para mostrar su talento y firmar su obra a pie de calle.
La próxima vez que camines por el barrio un domingo o a última hora de la tarde, fíjate bien. Al bajar las persianas, la ciudad no se apaga: abre las puertas de su propia galería de arte al aire libre.
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