miércoles, 30 de septiembre de 2026

Viajes

Viaje por la N-260 de Portbou a Sabiñanigo del 23 al 28 de septiembre de 2026

La idea de esta ruta es un Road Trip por la N-260, son 517 km de una carretera que une las poblaciones de Portbou (Coll de Belitres) y Sabiñanigo. Se trata del eje Pirenaico.

En algunos tramos cuesta seguir la carretera ya que se solapa con nuevas autovías, aunque los laterales suelen estar marcados con N-260A y en otros puntos los túneles dejan a un lado la carretera antigua e incluso algún tramo se ha construido nuevo, com el de Fiscal a Sabiñanigo dejando el tramo antiguo como si fuese un ramal N-260A cuando realmente es el originario, sirva la carretera como guía para hacer un turismo más tranquilo y alejado de los trayectos típicos. Vamos a disfrutar de la carretera es un nuevo concepto Slow Driving “cuando tu destino es la propia carretera”.

No descarto en el futuro hacer otros recorridos con este formato, N-330 de Alicante a Somport (733 Km), la N-420 desde Montoro (Córdoba) a Tarragona, más de 800 km, o la N-240 de Tarragona a San Sebastián – Bilbao, unos 550 Km. Este formato nos permite conocer pueblos y ciudades medianas, pasando siempre por capitales de provincia, una forma de descubrir de forma relajada nuestra gastronomía y cultura fuera de los circuitos más tradicionales.

martes, 29 de septiembre de 2026

Se estreno hace 40 años

El estreno de septiembre de 1986 es La misión, The Mission de Roland Joffé, 1986.

El 29 de septiembre de 1986 tuvo lugar en el cine Palacio de la Música de Madrid el estreno mundial de La misión, en un evento repleto de glamour presidido por la reina Sofía y respaldado por la presencia de Roland Joffé, Jeremy Irons y el propio De Niro. Mucho ha llovido desde aquel día en el que la película llegó a las salas para recordarnos que el cine puede ser, al mismo tiempo, un espectáculo visual de escala bíblica y una sacudida profunda a la conciencia. ¿Quién no recuerda el desgarrador sonido del oboe resonando sobre el estruendo de las cataratas de Iguazú o el llanto desconsolado de un Robert De Niro despojándose de su armadura?


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Rever: Desayuno con diamantes

Rever Desayuno con diamantes, Breakfast at Tiffany's (1961) en la actualidad no es solo un ejercicio de nostalgia cinéfila o un reencuentro con un icono indiscutible del glamur pop; es también una oportunidad fascinante para desarmar el mito y analizar, con ojos del siglo XXI, una obra repleta de brillos, sombras y contradicciones. Dirigida por Blake Edwards a partir de la novela homónima de Truman Capote (1958), la cinta propone una mirada tan sofisticada como melancólica sobre la soledad, el deseo de pertenencia y las máscaras que construimos para sobrevivir en la metrópoli moderna. Muy recomendable para entender cómo se construye la memoria colectiva del cine clásico y qué grietas aparecen cuando la miramos desde el presente.

Análisis crítico y reflexiones sobre el film:
La fiesta en el apartamento: la antesala visual de El Guateque.
Una de las secuencias más deslumbrantes y recordadas de la película es la multitudinaria y caótica fiesta en el diminuto apartamento de Holly. Vista hoy, resulta imposible no trazar un paralelismo directo con El Guateque (The Party, 1968), la genial comedia desatada que el propio Blake Edwards dirigiría años más tarde con Peter Sellers. En ambas secuencias, Edwards exhibe una maestría absoluta para el ritmo de la comedia física, la acumulación de gags visuales en espacios reducidos y el control casi orquestal del espacio escénico. Desde el sombrero que arde accidentalmente hasta los choques y el descontrol progresivo, el guateque de Holly actúa como el embrión estilístico de la hilarante fiesta que consagraría a Edwards en el terreno de la comedia pura.

Dinámicas de posesión: la mirada de género en perspectiva
Al revisar la película hoy en día, chocan con especial fuerza las frases y actitudes donde el protagonista masculino ejerce o verbaliza una manifiesta posesión sobre la chica. Frases que en su época pretendían reflejar una preocupación romántica o protectora por parte de Paul Varjak revelan, bajo la óptica contemporánea, una clara dominación patriarcal. El tratamiento del personaje de Holly —atrapada entre la búsqueda de su independencia económica y el mandato social de ser «rescatada» o poseída por un hombre— expone el choque entre la supuesta transgresión de su estilo de vida y la moral conservadora de Hollywood que acaba encapsulando su libertad bajo el control masculino.

El espacio y la distancia: planos generales picados desde las alturas
Es francamente reseñable el uso recurrente que hace la dirección de los planos desde arriba muy alejados (grandes picados o planos cenitales). Esta elección formal no es casual: empequeñece a los personajes frente a la inmensidad de Nueva York o la frialdad de los edificios y vestíbulos. Estos encuadres remarcan visualmente el aislamiento, la fragilidad y el desamparo de Holly y Paul, dos figuras errantes que intentan esconder su precariedad e insatisfacción tras las paredes de una metrópoli imponente.

José Luis de Vilallonga: aristocracia y presencia española
Destaca en el reparto la presencia del aristócrata, escritor y actor español José Luis de Vilallonga, quien encarna al elegante y acaudalado pretendiente José da Silva Pereira. Su interpretación aporta esa distinción europea y sofisticada que requería el papel del millonario que tienta a Holly con una vida acomodada en Sudamérica. Vilallonga se mueve con soltura en una producción de gran escala, dejando una impronta memorable como el contraperiodo perfecto frente a la fragilidad de la pareja protagonista.

¿Confusión hispano-brasileña o detalle bizarro?: Las banderillas tras la fiesta
Uno de los puntos más curiosos y desconcertantes del filme ocurre tras la fiesta con el aristócrata brasileño, cuando aparecen en escena unos elementos de atrezzo tan marcadamente españoles como unas banderillas taurinas. no es una equivocación de vestuario o decoración del equipo de Hollywood, es una fidelidad directa al texto de Truman Capote, donde las banderillas formaban parte de la decoración del apartamento de Holly (quien coleccionaba objetos extravagantes de sus amantes o viajes).
Lo que sí refleja, tanto en el libro como en la película, es esa mezcla exótica e indisoluble que la cultura anglosajona solía hacer de todo lo hispano e iberoamericano, donde un aristócrata brasileño baila o juega con utensilios del folclore taurino español sin mayor distinción.

Rodada en Nueva York en 1960 con un presupuesto aproximado de 2,5 M$. y una recaudación de 14 M$. Desayuno con diamantes tuvo que lidiar con importantes filtros morales para adaptar el material original de Truman Capote. Mientras que en la novela la profesión de Holly y la bisexualidad de los personajes quedaban sugeridas de forma más explícita y sombría, el guionista George Axelrod y el director Blake Edwards tuvieron que suavizar las aristas más crudas para sortear los límites del código de censura de la época, transformando la prostitución velada y el mecenazgo de mantenidos en una estilizada y agridulce comedia romántica.

Es importante aclarar esa parte porque representa una de las diferencias más drásticas entre la novela original de Truman Capote y la película producida por Hollywood.

En el libro de Capote (1958), el protagonista/narrador sin nombre (a quien en la película llamaron Paul Varjak y convirtieron en un galán heterosexual interpretado por George Peppard) es en realidad un alter ego del propio Truman Capote.

En la obra escrita, el narrador es explícitamente homosexual (o como mínimo, no siente atracción sexual ni romántica por las mujeres). Su relación con Holly Golightly es de pura devoción platónica, fascinación y complicidad entre dos "parias" o marginados en la sociedad neoyorquina. No hay una historia de amor heterosexual ni un romance entre ellos.

En la novela, la propia Holly tiene una visión de la sexualidad mucho más libre, ambigua y abierta para los estándares de los años 50.Holly habla abiertamente sobre la homosexualidad y declara en el texto que ella misma tiene una faceta bisexual. Llega a decir en un diálogo que "todos lo somos un poco" (en referencia a sentirse atraídos por personas de su mismo sexo) y menciona que no le importaría "casarse con Greta Garbo".

Cuando Paramount decidió llevar la novela al cine en 1961, el Código Hays (la estricta censura cinematográfica estadounidense de la época) prohibía de forma tajante cualquier representación o insinuación explícita de la homosexualidad. Para poder vender la película al gran público y cumplir con la censura

Transformaron al narrador: Convirtieron al joven escritor gay/platónico en un gigoló heterosexual (mantenido por el personaje de Patricia Neal) para que pudiera enamorarse de Holly y así crear la trama de comedia romántica convencional.

Sanearon a Holly: Eliminaron las reflexiones bisexuales de Holly y suavizaron su profesión de cortesana/acompañante para convertirla en una joven extravagante y romántica.

Por tanto, al decir que la película tuvo que limar la «bisexualidad y homosexualidad» del texto de Capote, nos referimos a cómo el estudio hollywoodiense eliminó por completo la diversidad sexual de los personajes originales para convertirlos en una parejita romántica tradicional, de ahí algunos diálogos en la historia que no acaban de encajar incluso esas dinamicas de posesión que citabamos antes.

La banda sonora compuesta por Henry Mancini es la auténtica alma de la película. La inolvidable melodía de «Moon River», con letra de Johnny Mercer, que elevó el tono melancólico del film, aunque estuvo a punto de ser eliminada del montaje final por exigencias del estudio, un error que la propia Audrey Hepburn evitó tajantemente.

El estilismo de Audrey Hepburn, supervisado por la mítica diseñadora de vestuario Edith Head y coronado por el icónico vestido negro diseñado por Hubert de Givenchy, convirtió la imagen de apertura frente al escaparate de Tiffany's en un hito de la cultura visual moderna.

Premios y reconocimientos
34ª Edición de los Premios Oscar (1962):
Ganadora: Mejor Banda Sonora (Drama o Comedia), Henry Mancini.
Ganadora: Mejor Canción Original — Henry Mancini y Johnny Mercer por «Moon River».
Nominaciones: Mejor Actriz Principal (Audrey Hepburn), Mejor Guion Adaptado (George Axelrod) y Mejor Dirección Artística en Color (Hal Pereira, Roland Anderson, Sam Comer, Ray Moyer).

19ª Edición de los Globos de Oro (1962):
Nominaciones: Mejor Película (Comedia) y Mejor Actriz Principal en Comedia o Musical (Audrey Hepburn).

Sinopsis
Holly Golightly es una bella e impredecible joven neoyorquina de 19 años que lleva una vida aparentemente alocada y sofisticada. Tras abandonar un pasado humilde en el campo, Holly intenta sobrevivir en la gran ciudad a costa de pequeños regalos y propinas de sus adinerados acompañantes nocturnos, mientras sueña con encontrar la estabilidad junto a un marido millonario. Su rutina se convulsiona con la llegada de Paul Varjak, un joven escritor bloqueado que se muda al apartamento superior y que vive mantenido por una mujer madura. Entre ambos surge una complicidad íntima que pondrá a prueba las corazas emocionales y las mentiras con las que ambos protegen su vulnerabilidad.

Dirección: Blake Edwards
Reparto: Audrey Hepburn, George Peppard, Patricia Neal, Buddy Ebsen, Martin Balsam, José Luis de Vilallonga, Mickey Rooney
Guion: George Axelrod (Basado en la novela de Truman Capote)
Fotografía: Franz Planer
Montaje: Howard Smith
Música: Henry Mancini








miércoles, 16 de septiembre de 2026

Rever: Tal como éramos

Si hace pocos días os proponía rever otra gran película de Sydney Pollack, Los tres días del Cóndor, con Robert Redford, hoy os propongo una anterior, Tal como éramos, The Way We Were del mismo director y con el mismo protagonista. Y es que hemos de aprovechar que Redford cumpliría este 2026 nada menos que 90 años y el día de hoy se cumple el primer aniversario de su fallecimiento.

Antes de firmar obras maestras de la talla de Memorias de África o la mencionada cinta de espionaje, Pollack reunió a Robert Redford y a una arrolladora Barbra Streisand en esta pasional, amarga y desgarradora historia de amor y madurez.

‘Mr. Mainstream’, como al propio director le gustaba definirse, siempre se caracterizó por hablar un lenguaje cinematográfico absolutamente claro y diáfano. Los espectadores y las numerosas estrellas a las que dirigió a lo largo de más de 40 años de trabajo así pueden testificarlo. Una de ellas, Robert Redford, fue uno de sus mejores amigos: rodó siete películas a su lado y juntos fundaron el célebre Festival de Sundance.

En Tal como éramos (The Way We Were, 1973), Pollack nunca propuso un romance convencional. El contraste físico e ideológico entre la pareja protagonista fue tan explosivo como eficaz, y la química que se estableció entre Redford y Streisand traspasó la pantalla fulminantemente. Porque el amor es un complejísimo chispazo que siempre se produce en el momento más inesperado con la persona más imprevisible. Vemos cómo un hombre y una mujer luchan por salvar obstáculos, por vencer prejuicios o por enarbolar nuevas esperanzas.

La trama de la película se despliega en una lograda estructura en tres tiempos: los años 30 en la universidad, los convulsos 40 con el reencuentro en plena Segunda Guerra Mundial y el esplendor de Hollywood, y finalmente los años 60 en Nueva York.

Más allá del melodrama, el gran pilar de la película es la militancia política incansable de Katie Morosky (Barbra Streisand) y las amargas controversias de una época convulsa. La película aborda de frente la nefasta "caza de brujas" del macartismo en Hollywood, las listas negras y la persecución de la disidencia ideológica. Mientras Katie palpa sus emociones desde la coherencia y el compromiso infranqueable con sus ideas, Hubbell Gardiner (Robert Redford) representa a ese perfil más distante, el genio talentoso pero cómodo que termina cediendo a lo que se espera de él, claudicando y renunciando al compromiso político a cambio de no arruinar su carrera como guionista en la industria.

Nos recuerda cómo el sistema empuja muchas veces al individuo a la autocensura o al conformismo, mientras que mantenerse firme en los principios conlleva una inevitable marginación. La historia se convierte así en un texto recomendable donde la ideología desplaza al simple gusto y el drama político sobrepasa al romance tradicional.

En su estreno, la película generó pasiones enfrentadas entre la crítica de la época. El emotivo final con el tema principal interpretado por la propia Barbra Streisand, que suena a lo largo de la cinta varias veces es conmovedor, pero al mismo tiempo no convence ese tipo de amor que dura hasta la muerte, pero que no puede tener un final feliz porque no está hecho para la convivencia no parece muy realista, aunque un triste final siempre resulta tremendamente eficaz en términos lacrimógenos.

Interpretación completa: https://youtu.be/_K2_Kl36IEA


Producida con un presupuesto de 15 millones de dólares, la película fue un auténtico fenómeno comercial, recaudando cerca de 50 millones de dólares en la taquilla estadounidense.

En los Premios Óscar (1973), cosechó 6 nominaciones y se alzó con dos estatuillas cinematográficas decisivas:

Óscar a la Mejor Banda Sonora Original (Marvin Hamlisch)
Óscar a la Mejor Canción Original ("The Way We Were", de Marvin Hamlisch, Marilyn Bergman y Alan Bergman, interpretada por Barbra Streisand)
Nominación a la Mejor Actriz (Barbra Streisand)
Nominación a la Mejor Dirección de Fotografía (Harry Stradling Jr.)
Nominación a la Mejor Dirección Artística (Stephen B. Grimes y William Kiernan)
Nominación al Mejor Vestuario (Dorothy Jeakins y Moss Mabry)

Además, obtuvo el Globo de Oro a la Mejor Canción Original (junto a la nominación de Streisand como mejor actriz) y una nominación en los premios BAFTA a la mejor actriz.

Sinopsis:
Hubbell Gardiner y Katie Morosky son dos estudiantes universitarios con caracteres e ideologías diametralmente opuestas. Hubbell es un atractivo atleta, con clase, un gran conquistador y amante de la buena vida con talento para la escritura. Katie es una militante marxista con una decidida vocación política, combativa e intransigente con sus ideales. Años después de su etapa académica, sus caminos se cruzan en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de sus insalvables diferencias, se enamoran y se casan. Sin embargo, cuando se trasladan a Hollywood para impulsar la carrera de Hubbell como guionista, el asfixiante ambiente de la "caza de brujas" anticomunista y las cesiones éticas de él pondrán a prueba su matrimonio hasta límites insostenibles.

Dirección: Sydney Pollack
Reparto: Barbra Streisand, Robert Redford, Bradford Dillman, Lois Chiles, Patrick O'Neal, Viveca Lindfors, Allyn Ann McLerie, Herb Edelman
Guion: Arthur Laurents (basado en su propia novela)
Fotografía: Harry Stradling Jr.
Montaje: Margaret Booth
Música: Marvin Hamlisch





jueves, 10 de septiembre de 2026

Rever: Paseando a Miss Daisy

Propongo rever Paseando a Miss Daisy, Driving Miss Daisy, 1989, una joya cinematográfica que, más allá de ser un entrañable relato de amistad a lo largo de un cuarto de siglo, se erige como un sutil e imprescindible espejo sociocultural. Dirigida por Bruce Beresford y basada en la aclamada obra teatral de Alfred Uhry, esta cinta nos invita a reflexionar sobre la dignidad en el ocaso de la vida, el valor de la tolerancia frente a los prejuicios y las inercias de una sociedad dominada por la segregación y el conservadurismo.

Maravilloso drama, de hondos sentimientos que se demuestran con suavidad y honestidad. Paseando a Miss Daisy es una obra sencilla pero infinitamente conmovedora. Las interpretaciones de la pareja protagonista son soberbias: Jessica Tandy ofrece un retrato memorable como Miss Daisy, encarnando con obstinada terquedad e incredulidad el paso inexorable del tiempo y los temores de la vejez; por su parte, Morgan Freeman deslumbra en otra actuación magistral, repleta de paciencia, dignidad, calidez y sabiduría popular. Asimismo, destaca un sorprendente Dan Aykroyd, en uno de los papeles dramáticos más sólidos de su carrera. La dirección de Beresford destaca por eludir el efectismo y la demagogia, construyendo una atmósfera donde la cotidianidad de vidas sencillas se convierte en poesía pura.

Aunque ambientada en la Georgia (Estados Unidos) de mediados del siglo pasado (un contexto sociohistórico marcado por la segregación racial y las tensiones contra las minorías judías y afroamericanas), la película adquiere un valor profético que conecta directamente con los debates y problemáticas contemporáneas.

Uno de los grandes aciertos de la cinta es cómo retrata el contexto histórico de la época a través del trasfondo de violencia e intolerancia. La película no elude acontecimientos verdaderos desgarradores, como el atentado con bomba contra la sinagoga de Atlanta (The Temple) o la constante sombra amenazante de los atentados del Ku Klux Klan. Cuando la sinagoga de Miss Daisy sufre el ataque con dinamita, la anciana reacciona con estupor e incredulidad, mientras Hoke, con triste resignación, le recuerda la cruda realidad del odio racial y religioso en el Sur ("Usted sabe tan bien como yo quiénes han sido"). Este paralelismo entre la discriminación que sufren tanto la comunidad negra como la judía sirve hoy como un poderoso recordatorio frente a los brotes contemporáneos de racismo, antisemitismo y discursos de odio.


Otra de las escenas y más brillantes y reveladoras de toda la película es en la que Hoke (Morgan Freeman) le solicita un aumento de sueldo a Boolie (Dan Aykroyd), tras revelarle con picardía que la competencia le ha hecho una oferta tentadora.

Hoke no pide el aumento desde la suplica o el victimismo, sino desde el reconocimiento de su propio valor. En una sociedad segregada que sistemáticamente invisibilizaba el trabajo de las personas de raza negra, Hoke demuestra una inteligencia estratégica impecable. Sabe que se ha vuelto indispensable para la familia y utiliza las reglas del propio juego capitalista (la ley de la oferta y la demanda) a su favor.

Al soltar la frase de que "se siente uno bien cuando se lo rifan" ("It feels good to be wanted"), Hoke reivindica algo que va mucho más allá del dinero: la validación profesional y el orgullo personal. Tras décadas de trato servil en el Sur, experimentar por primera vez que su trabajo es codiciado y valorado por diferentes empleadores le devuelve una profunda cota de dignidad.

Esta secuencia refleja a la perfección la ironía de las clases acomodadas de la época. Boolie aprecia sinceramente a Hoke y sabe lo difícil que es bregar con el carácter de su madre, pero como empresario y burgués, no le aumentará el sueldo de forma espontánea hasta que no ve amenazada su propia comodidad.

Hoke comprende esta dinámica a la perfección y no siente culpa al presionar a Boolie. Con una sonrisa serena y educada pero firme, le demuestra a su patrón que, aunque sea un sirviente en apariencia, él es el dueño de su tiempo y de su trabajo.


Especial atención merece la dimensión pedagógica e intergeneracional de la cinta. A lo largo de los años, vemos cómo Miss Daisy, antigua maestra de escuela, enseña a leer a un Hoke ya adulto con infinita paciencia. Ese acto de generosidad y educación germina de la forma más bella en el tramo final de la película: cuando Boolie le pregunta a un anciano Hoke cómo ha logrado llegar hasta allí, el chófer le revela con orgullo que lo ha traído su nieta, quien actualmente es profesora en el Spelman College (una emblemática universidad históricamente negra).

Esta revelación, de una sutileza arrolladora, funciona como una magistral alegoría del cambio social y el avance de los derechos civiles: En dos generaciones, la familia de Hoke pasa de la analfabetización forzada y la sumisión servil de los años 40 a ostentar la cúspide de la docencia universitaria y la independencia profesional en los años 70. - El círculo se cierra con una emotiva justicia poética: la anciana profesora judía que enseñó a leer al abuelo ve, de forma indirecta, cómo ese legado del saber ha convertido a la nieta de este en una referente académica para las nuevas generaciones de mujeres negras.

Excelente maquillaje y caracterización: Uno de los logros más deslumbrantes de la producción fue su equipo de maquillaje y peluquería. Gracias a un trabajo excepcional, la evolución física de los múltiples personajes a lo largo de más de 20 años está increíblemente lograda, mostrando de forma natural, realista y digna el envejecimiento orgánico de los protagonistas sin caer jamás en la caricatura.

El paso del tiempo en los detalles cotidianos: La temporalidad y el discurrir de los años están magistralmente expresados sin necesidad de intertítulos intrusivos. La película utiliza refinados elementos de dirección de arte: el cambio en los modelos de los coches (del clásico Hudson Commodore a los majestuosos Cadillac de distintas épocas), las tarjetas de Navidad que se intercambian, los calendarios en las paredes y la evolución de la publicidad comercial e industrial que adorna los escenarios.

La película se rodó principalmente en diversas localizaciones de Georgia, incluyendo Atlanta y la histórica zona de Druid Hills, retratando el tránsito de la sociedad sureña desde los años 40 hasta principios de los 70.

Premios Oscar (1989): Obtuvo 9 nominaciones en total, convirtiéndose en una de las grandes triunfadoras de la 62.ª edición de los Oscar con:

Cuatro estatuillas: Mejor Película, Mejor Actriz Principal (Jessica Tandy, quien a sus 80 años se convirtió en la intérprete de mayor edad en ganar la estatuilla), Mejor Guion Adaptado (Alfred Uhry) y Mejor Maquillaje (Manlio Rocchetti, Lynn Barber y Kevin Haney.)

Cinco nominaciones: Mejor Actor Principal (Morgan Freeman), Mejor Actor de Reparto (Dan Aykro, yd), Mejor Dirección Artística / Diseño de ProducciónMejor Diseño de Vestuario y Mejor Montaje

Globos de Oro (1989): Ganadora de 3 premios (Mejor Película Comedia/Musical, Mejor Actor y Mejor Actriz).

Festival de Berlín: Reconocimiento con el Oso de Plata a la mejor actuación conjunta para Jessica Tandy y Morgan Freeman.

Sinopsis:
Miss Daisy (Jessica Tandy), una antipática profesora jubilada de 72 años y viuda judía de buena posición económica, sufre un percance al volante. Temiendo un accidente grave o el caos circulatorio, su hijo Boolie (Dan Aykroyd) decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman), un chófer afroamericano de carácter tranquilo y bonachón. Al principio, la anciana se resiste a aceptar la ayuda de Hoke por no sentirse inútil. Sin embargo, con paciencia, educación y humanidad, Hoke irá venciendo las barreras iniciales hasta forjar una incondicional amistad de 25 años.

Dirección: Bruce Beresford
Reparto: Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd, Patti LuPone, Esther Rolle.
Guion: Alfred Uhry (basado en su propia obra de teatro)
Fotografía: Peter James
Montaje: Mark Warner
Música: Hans Zimmer

Presupuesto: 7,5 M$ | Recaudación: 145, 8 M$

La película puede verse en:
Movistar Plus+, FlixOlé y en plataformas como Apple TV, Prime Video y Google TV.






miércoles, 9 de septiembre de 2026

Curiosidades

Recorriendo el barrio me he dado cuenta de la cantidad de persianas que están pintadas con una belleza muy particular, increíbles grafiteros con sus pinturas y sus espráis pueden ser contratados para decorarlas.


jueves, 3 de septiembre de 2026

Rever: Los tres días del Cóndor

Proponemos rever Los tres días del Cóndor, Three Days of the Condor, (1975), un thriller de paranoia política tan helador como profético, cuya vigencia resuena hoy con más fuerza que nunca.

Desde el primer minuto, Sydney Pollack nos sumerge en un clima insoportable de suspense y asfixia. La cámara convierte a Nueva York en un escenario gris, gélido y hostil donde nadie está a salvo. Robert Redford firma una actuación soberbia como Joe Turner ("Cóndor"), encarnando con maestría el paso del intelectual desapegado al hombre acorralado que debe recurrir a su puro instinto de supervivencia.

La película capturó de lleno la profunda intranquilidad social tras el escándalo Watergate de 1973. Pollack puso rostro a la paranoia colectiva y a la creciente desconfianza hacia las instituciones, destapando lo que hoy denominamos abiertamente las "cloacas del Estado": estructuras paralelas de poder que actúan al margen de la ley bajo el pretexto de la seguridad nacional.

En la cinta emergen planos del exterior e interior de las tristemente famosas Torres Gemelas, presentadas como la sede neoyorquina de la CIA. La desgarradora coincidencia con los atentados del 11 de septiembre de 2001 carga hoy esas imágenes de una extraña resignificación: los edificios no solo representaban el poder hegemónico e imperial estadounidense, sino también la vulnerabilidad de un sistema expuesto a sus propias sombras geopolíticas.

El inolvidable diálogo final resulta desgarradoramente premonitorio:

"Have you ever thought what happens when we run out of oil? ... How do you know they'll print it?"

¿Alguna vez has pensado qué pasará cuando nos quedemos sin petróleo? ¿Cómo sabes que lo publicarán? Es la justificación geopolítica y fría que da el alto cargo de la CIA sobre las intervenciones del Estado para asegurar recursos vitales.

¿Cómo sabes que lo imprimirán/publicarán? Es la frase final con la que la CIA siembra la duda sobre si la prensa independiente (The New York Times) realmente se atreverá a desafiar al poder o si acabará cediendo al control institucional.

La duda que plantea la escena, la prensa publicará la filtración o si cederá a la presión del poder, dialoga directamente con nuestra era digital. Si en los 70 el dilema era la censura o sumisión de los grandes diarios ante el Estado, hoy esa mordaza se ha trasladado a la informática, las redes sociales y los algoritmos gestionados por los nuevos magnates tecnológicos.

La producción contó con un rodaje itinerante por localizaciones neoyorquinas reales como Brooklyn, la Estación Central y el World Trade Center. El guion de Lorenzo Semple Jr. y David Rayfiel tuvo que maniobrar sutilmente para sortear las trabas administrativas de la época al retratar las operaciones encubiertas de la inteligencia estadounidense.

La película obtuvo una nominación al Oscar al Mejor Montaje (Fredric Steinkamp y Sepp Steinkamp) y la medalla del Cartagena Film Festival a Mejor Actor para Redford, además del reconocimiento unánime de la crítica internacional como cumbre del cine político de los setenta.

Dirección: Sydney Pollack
Guion: Lorenzo Semple Jr., David Rayfiel (Basado en la novela de James Grady).
Fotografía: Owen Roizman
Montaje: Fredric Steinkamp, Sepp Steinkamp
Música: Dave Grusin
Reparto: Robert Redford como Joe Turner, “Cóndor” (Analista de la CIA), Faye Dunaway como Kathy Hale (Fotógrafa involucrada en la huida), Cliff Robertson como J. Higgins (Subdirector de la CIA en Nueva York), Max von Sydow como Joubert (Asesino a sueldo profesional), John Houseman como Mr. Wabash (Veterano directivo de la CIA), Addison Powell como Leonard Atwood (Subdirector adjunto de la CIA), Walter McGinn como Sam Barber (Amigo y compañero de Turner en la CIA), , Tina Chen como Janice Chon (Compañera de Turner en la oficina), Michael Kane como S.W. Wicks (Jefe directo de Turner), Don McHenry como Dr. Lappen (Médico de la CIA), Carlin Glynn como Mae Barber (Esposa de Sam Barber), Hank Garrett como El cartero “asesino” (Agente que ataca a Turner en el apartamento).

Sinopsis: 
Joe Turner es un analista de la CIA dedicado a leer novelas para detectar mensajes codificados. Su rutina se quiebra violentamente cuando regresa a la oficina y encuentra a todos sus compañeros ejecutados. Solo y sin saber en quién confiar, emprende una huida desesperada para desenmascarar una red de corrupción dentro de su propia organización.

Disponible actualmente bajo suscripción en Movistar Plus+ y Filmin: https://www.filmin.es/pelicula/los-tres-dias-del-condor