miércoles, 7 de octubre de 2026

Rever: Sabrina

Es momento de rever, Sabrina (1954). Más allá de su célebre fachada de cuento de hadas hollywoodiense, la obra de Billy Wilder se revela hoy como una punzante comedia social satírica. Una cinta que disecciona con cirujana ironía la inmovilidad de las clases sociales, la frialdad corporativa frente a los afectos y la instrumentalización del cosmopolitismo como vía de escape a la rigidez del entorno de origen.

Análisis crítico y reflexiones sobre el film:
Nos encontramos ante una propuesta cinematográfica tan sofisticada como profundamente irónica, donde Wilder demuestra su maestría para deconstruir la mitología romántica a través del cinismo constructivo. La película se sostiene sobre un triángulo interpretativo colosal: la belleza, naturalidad y elegancia magnética de Audrey Hepburn, la galantería y el encanto chulesco de William Holden, y la madurez cerebral de un Humphrey Bogart que, pese a su conocida frialdad detrás de las cámaras y su tremenda incomodidad con el personaje, dota a Linus de una contención y una melancolía secas que elevan el relato por encima del sentimentalismo barato.

Aunque la cinta se disfrace de una mezcla naif entre Cenicienta y El patito feo, vista con ojos del siglo XXI funciona como un espejo perfecto de las tensiones de clase y la precariedad laboral. Sabrina encarna a la hija del chófer, atrapada en los límites físicos e invisibles de la cochera de una gran mansión de Long Island. Su viaje a París opera como la fantasía de la emancipación a través de la formación y el capital cultural, una realidad plenamente conectada con las problemáticas actuales de la juventud que se ve obligada a emigrar ante la falta de horizontes en su lugar de origen. Su regreso no es la sumisión de una mujer al matrimonio idílico, sino un astuto juego de máscaras para presentar batalla en la disputa por el poder: Sabrina no anhela simplemente casarse con su príncipe azul, su verdadera motivación es pertenecer a un mundo del que hasta entonces solo había sido espectadora. Utiliza la sofisticación europea como arma de asimilación para romper la barrera de clases.

La trama se desata cuando el Imperio Larrabee ve peligrar una fusión empresarial millonaria basada en el negocio de los plásticos —profético apunte de Wilder sobre el material que definiría el consumo global— debido al capricho amoroso del hermano menor. Linus, el tiburón corporativo, representa el capital más despiadado: aquel dispuesto a planificar matrimonios concertados en pro del beneficio financiero. La célebre frase de Linus, "París es para los amantes. Tal vez por eso solo he estado allí treinta y cinco minutos", sintetiza la deshumanización de una élite volcada en la productividad que ve el espacio y el ocio como meras métricas de rendimiento. Wilder se burla con saña de la sumisión de clase parodiando el melodrama en la nota de suicidio fallida del inicio, enseñándonos que el ascenso social exige despojarse del sentimentalismo y dominar los rituales del adversario.

El clímax de la hipocresía de clase de la élite de Long Island se condensa en un diálogo magistralmente cínico pronunciado por el patriarca de la familia, Oliver Larrabee. Cuando este se escandaliza ante la posibilidad de que su estirpe se mezcle con la hija de un asalariado, Linus le recuerda con total frialdad de dónde proviene, en realidad, la fortuna familiar, provocando la capitulación de su padre.

“Thomas Larrabee fue colgado por piratería. Benjamin Larrabee era traficante de esclavos... De acuerdo, de acuerdo, eran hombres de negocios corrientes de su época. ¡Pero ninguno de ellos se casó con la hija del chófer!”

Este fragmento es oro puro para el análisis sociológico contemporáneo. Wilder expone, sin ningún tipo de anestesia, el mito fundacional de las grandes fortunas y las dinastías financieras. El patriarca asume con naturalidad y absoluta normalidad histórica que el origen de su capital financiero e inmobiliario está cimentado sobre crímenes atroces, el colonialismo extractivo y la deshumanización absoluta (la piratería y la trata de personas de sus antepasados). Para la mentalidad de la alta burguesía, aquellos crímenes no eran más que "negocios normales de la época". Sin embargo, el verdadero "crimen" imperdonable, el único tabú capaz de quebrar el orden social y amenazar el estatus de la familia, no es la violencia del capital original, sino la mezcla de sangres con la clase trabajadora. La pureza de clase se defiende con más ahínco que la moral humana.

El origen del proyecto está envuelto en mitos: mientras unos señalan que la propia Hepburn impulsó la compra de los derechos de la fracasada obra teatral de Samuel Taylor Sabrina Fair (1953), otros apuntan al ojo clínico de Wilder. Lo cierto es que el director atravesaba un complejo interregno creativo tras separarse de su coguionista Charles Brackett. Samuel Taylor se sumó para adaptar su obra, pero abandonó al ver cómo Wilder destrozaba su texto original. Entró entonces en escena Ernest Lehman, quien vivió un auténtico calvario escribiendo diálogos minutos antes de rodar en las habitaciones del hotel St. Regis. Las exigencias de Wilder llevaron a Lehman al borde de una crisis nerviosa que lo confinó dos días en cama; un sadismo creativo que Wilder ya había aplicado a Raymond Chandler en Pacto de sangre. Incluso, para ganar tiempo de escritura sin desatar la furia de Bogart, el director le pidió a Audrey Hepburn que fingiera jaquecas y gripes para suspender jornadas de filmación.

El rodaje itinerante comenzó en septiembre de 1953 en Long Island Sound, en la mansión real de Barney Balaban (jefe de la Paramount). Los fuertes vientos del Atlántico boicotearon la filmación y los toscos trucajes visuales de las transparencias en la estación de tren de Glen Cove obligaron a Wilder a exigir repetir la icónica escena del regreso en una localización real al volver a Los Ángeles. Esta escena era crucial: David (Holden) es incapaz de reconocer a la hija de su chófer hasta que no se presenta envuelta en la sofisticación de la alta costura.

El vestuario fue otra encarnizada batalla. Por consejo de su esposa, Wilder recurrió a un joven Hubert de Givenchy, cuando el diseñador Hubert de Givenchy recibió la llamada de la productora diciendo que "Miss Hepburn" quería reunirse con él en París para diseñar el vestuario de su nueva película, él se emocionó muchísimo pensando que se trataba de la gran Katharine Hepburn. Cuando abrió la puerta de su taller y vio aparecer a la joven Audrey, se llevó una sorpresa enorme porque esperaba a la otra actriz. Al final, se hicieron amigos inseparables y ella se convirtió en su musa para siempre. Ante la negativa de la Paramount a costear la alta costura —amenazando con descontarlo del sueldo de Audrey— se llegó al pacto de silenciar al francés en unos créditos monopolizados por Edith Head. Mientras tanto, Bogart mitigaba su exclusión del romance real entre Hepburn y Holden —quienes mantuvieron un idilio secreto durante el rodaje— a base de desplantes y vasos de whisky escocés. Bogart, que sustituyó a Cary Grant a última hora y se sentía fuera de su hábitat sin las armas de Casablanca, le espetó a gritos a Wilder tras recibir unos diálogos nuevos: "¿Tienes hijos? ¿Fue tu hija de 13 años la que escribió esto?". Al cruzarse en los pasillos con Clifton Webb en los pasillos de Paramount Estudios y ser preguntado por la "chica de ensueño", Bogart sentenció: "Bien, si te gusta repetir la misma escena 36 veces".

La filmación concluyó el 5 de diciembre de 1953 con 11 días de retraso y 2,2 millones de dólares de presupuesto. Wilder se confirmó aquí como el heredero legítimo de las comedias sofisticadas de Ernst Lubitsch. En su oficina, el director conservaba un cartel con la pregunta que lo salvaba de cualquier bloqueo creativo: ¿Cómo lo haría Lubitsch?. En Sabrina, Wilder usó los clichés y la fascinación que los estadounidenses sienten por la cultura francesa para criticar o burlarse sutilmente de la clase alta de Estados Unidos., visible en el uso de la melodía "Isn’t it Romantic?" Esta canción de fondo ("¿No es romántico?") suena de manera repetitiva en la película. Irónicamente, no es una canción francesa, sino un clásico del teatro musical estadounidense (de Rodgers y Hart). Se utiliza una música que habla de "romance" para vestir escenas donde los ricos se comportan de forma fría, calculadora y rígida. Es una burla elegante.

Premios y Reconocimientos
Cuando se anunció el proyecto de Sabrina, muchos críticos miraban la película con desconfianza. Pensaban que sería una "obra menor", una comedia comercial simple y blanda, especialmente viniendo de un director como Billy Wilder, que se había consagrado con dramas oscuros, ácidos y respetados como Pacto de sangre o El ocaso de una vida.

Sin embargo, en cuanto la película se estrenó en los cines y se convirtió en un gran éxito de público, la crítica de los diarios y revistas locales (tanto en Estados Unidos como en España) tuvo que rectificar de inmediato. Se dieron cuenta de que no era una simple comedia romántica, sino una sátira inteligentísima y de una enorme calidad técnica. De ahí que pasara de ser prejuzgada como un producto comercial a ser "revalorizada" y premiada por los círculos de críticos (como el CEC en España).

La Paramount supo capitalizar un hito irrepetible: tener al frente a cuatro ganadores del Oscar (Bogart, Holden, Hepburn y Wilder).

27ª Edición de los Premios Oscar (1955):
Ganadora: Mejor Diseño de Vestuario en Blanco y Negro, Edith Head.
Nominaciones: Mejor Director (Billy Wilder), Mejor Actriz Principal (Audrey Hepburn), Mejor Guion (Billy Wilder, Samuel A. Taylor, Ernest Lehman), Mejor Fotografía en Blanco y Negro (Charles Lang Jr.) y Mejor Dirección Artística en Blanco y Negro (Hal Pereira, Walter Tyler, Sam Comer, Ray Moyer).

12ª Edición de los Globos de Oro (1955):
Ganadora: Mejor Guion (Billy Wilder, Samuel A. Taylor, Ernest Lehman).

Ficha Técnica
Dirección: Billy Wilder
Reparto: Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, William Holden, Walter Hampden, John Williams
Guion: Billy Wilder, Ernest Lehman, Samuel A. Taylor (Basado en la obra de teatro de Samuel A. Taylor)
Fotografía: Charles Lang (B&N)
Montaje: Arthur P. Schmidt
Música: Frederick Hollander (Canciones de Rodgers y Hart)

Sinopsis
Sabrina Fairchild, la joven hija del chófer de la suntuosa mansión Larrabee, regresa de París completamente transformada en una mujer sofisticada y cosmopolita. Su nueva e imponente presencia desestabiliza por completo el orden clasista de la familia: el frívolo playboy David cae rendido a sus pies, poniendo en riesgo una fusión corporativa multimillonaria. Esto obliga a Linus, el implacable hermano mayor y cerebro financiero del imperio, a trazar un frío plan de seducción y engaño para apartar a la joven de su hermano, desatando una guerra psicológica donde los intereses económicos, las máscaras sociales y el deseo de pertenencia terminarán por desarmar sus propios y cínicos planes.

Décadas más tarde, en 1995, Sydney Pollack intentaría emular su encanto en un remake homónimo protagonizado por Harrison Ford y Julia Ormond.









miércoles, 30 de septiembre de 2026

Viajes

Viaje por la N-260 de Portbou a Sabiñanigo del 23 al 28 de septiembre de 2026

La idea de esta ruta es un Road Trip por la N-260, son 517 km de una carretera que une las poblaciones de Portbou (Coll de Belitres) y Sabiñanigo. Se trata del eje Pirenaico.

En algunos tramos cuesta seguir la carretera ya que se solapa con nuevas autovías, aunque los laterales suelen estar marcados con N-260A y en otros puntos los túneles dejan a un lado la carretera antigua e incluso algún tramo se ha construido nuevo, com el de Fiscal a Sabiñanigo dejando el tramo antiguo como si fuese un ramal N-260A cuando realmente es el originario, sirva la carretera como guía para hacer un turismo más tranquilo y alejado de los trayectos típicos. Vamos a disfrutar de la carretera es un nuevo concepto Slow Driving “cuando tu destino es la propia carretera”.

No descarto en el futuro hacer otros recorridos con este formato, N-330 de Alicante a Somport (733 Km), la N-420 desde Montoro (Córdoba) a Tarragona, más de 800 km, o la N-240 de Tarragona a San Sebastián – Bilbao, unos 550 Km. Este formato nos permite conocer pueblos y ciudades medianas, pasando siempre por capitales de provincia, una forma de descubrir de forma relajada nuestra gastronomía y cultura fuera de los circuitos más tradicionales.

martes, 29 de septiembre de 2026

Se estreno hace 40 años

El estreno de septiembre de 1986 es La misión, The Mission de Roland Joffé, 1986.

El 29 de septiembre de 1986 tuvo lugar en el cine Palacio de la Música de Madrid el estreno mundial de La misión, en un evento repleto de glamour presidido por la reina Sofía y respaldado por la presencia de Roland Joffé, Jeremy Irons y el propio De Niro. Mucho ha llovido desde aquel día en el que la película llegó a las salas para recordarnos que el cine puede ser, al mismo tiempo, un espectáculo visual de escala bíblica y una sacudida profunda a la conciencia. ¿Quién no recuerda el desgarrador sonido del oboe resonando sobre el estruendo de las cataratas de Iguazú o el llanto desconsolado de un Robert De Niro despojándose de su armadura?


miércoles, 23 de septiembre de 2026

Rever: Desayuno con diamantes

Rever Desayuno con diamantes, Breakfast at Tiffany's (1961) en la actualidad no es solo un ejercicio de nostalgia cinéfila o un reencuentro con un icono indiscutible del glamur pop; es también una oportunidad fascinante para desarmar el mito y analizar, con ojos del siglo XXI, una obra repleta de brillos, sombras y contradicciones. Dirigida por Blake Edwards a partir de la novela homónima de Truman Capote (1958), la cinta propone una mirada tan sofisticada como melancólica sobre la soledad, el deseo de pertenencia y las máscaras que construimos para sobrevivir en la metrópoli moderna. Muy recomendable para entender cómo se construye la memoria colectiva del cine clásico y qué grietas aparecen cuando la miramos desde el presente.

Análisis crítico y reflexiones sobre el film:
La fiesta en el apartamento: la antesala visual de El Guateque.
Una de las secuencias más deslumbrantes y recordadas de la película es la multitudinaria y caótica fiesta en el diminuto apartamento de Holly. Vista hoy, resulta imposible no trazar un paralelismo directo con El Guateque (The Party, 1968), la genial comedia desatada que el propio Blake Edwards dirigiría años más tarde con Peter Sellers. En ambas secuencias, Edwards exhibe una maestría absoluta para el ritmo de la comedia física, la acumulación de gags visuales en espacios reducidos y el control casi orquestal del espacio escénico. Desde el sombrero que arde accidentalmente hasta los choques y el descontrol progresivo, el guateque de Holly actúa como el embrión estilístico de la hilarante fiesta que consagraría a Edwards en el terreno de la comedia pura.

Dinámicas de posesión: la mirada de género en perspectiva
Al revisar la película hoy en día, chocan con especial fuerza las frases y actitudes donde el protagonista masculino ejerce o verbaliza una manifiesta posesión sobre la chica. Frases que en su época pretendían reflejar una preocupación romántica o protectora por parte de Paul Varjak revelan, bajo la óptica contemporánea, una clara dominación patriarcal. El tratamiento del personaje de Holly —atrapada entre la búsqueda de su independencia económica y el mandato social de ser «rescatada» o poseída por un hombre— expone el choque entre la supuesta transgresión de su estilo de vida y la moral conservadora de Hollywood que acaba encapsulando su libertad bajo el control masculino.

El espacio y la distancia: planos generales picados desde las alturas
Es francamente reseñable el uso recurrente que hace la dirección de los planos desde arriba muy alejados (grandes picados o planos cenitales). Esta elección formal no es casual: empequeñece a los personajes frente a la inmensidad de Nueva York o la frialdad de los edificios y vestíbulos. Estos encuadres remarcan visualmente el aislamiento, la fragilidad y el desamparo de Holly y Paul, dos figuras errantes que intentan esconder su precariedad e insatisfacción tras las paredes de una metrópoli imponente.

José Luis de Vilallonga: aristocracia y presencia española
Destaca en el reparto la presencia del aristócrata, escritor y actor español José Luis de Vilallonga, quien encarna al elegante y acaudalado pretendiente José da Silva Pereira. Su interpretación aporta esa distinción europea y sofisticada que requería el papel del millonario que tienta a Holly con una vida acomodada en Sudamérica. Vilallonga se mueve con soltura en una producción de gran escala, dejando una impronta memorable como el contraperiodo perfecto frente a la fragilidad de la pareja protagonista.

¿Confusión hispano-brasileña o detalle bizarro?: Las banderillas tras la fiesta
Uno de los puntos más curiosos y desconcertantes del filme ocurre tras la fiesta con el aristócrata brasileño, cuando aparecen en escena unos elementos de atrezzo tan marcadamente españoles como unas banderillas taurinas. no es una equivocación de vestuario o decoración del equipo de Hollywood, es una fidelidad directa al texto de Truman Capote, donde las banderillas formaban parte de la decoración del apartamento de Holly (quien coleccionaba objetos extravagantes de sus amantes o viajes).
Lo que sí refleja, tanto en el libro como en la película, es esa mezcla exótica e indisoluble que la cultura anglosajona solía hacer de todo lo hispano e iberoamericano, donde un aristócrata brasileño baila o juega con utensilios del folclore taurino español sin mayor distinción.

Rodada en Nueva York en 1960 con un presupuesto aproximado de 2,5 M$. y una recaudación de 14 M$. Desayuno con diamantes tuvo que lidiar con importantes filtros morales para adaptar el material original de Truman Capote. Mientras que en la novela la profesión de Holly y la bisexualidad de los personajes quedaban sugeridas de forma más explícita y sombría, el guionista George Axelrod y el director Blake Edwards tuvieron que suavizar las aristas más crudas para sortear los límites del código de censura de la época, transformando la prostitución velada y el mecenazgo de mantenidos en una estilizada y agridulce comedia romántica.

Es importante aclarar esa parte porque representa una de las diferencias más drásticas entre la novela original de Truman Capote y la película producida por Hollywood.

En el libro de Capote (1958), el protagonista/narrador sin nombre (a quien en la película llamaron Paul Varjak y convirtieron en un galán heterosexual interpretado por George Peppard) es en realidad un alter ego del propio Truman Capote.

En la obra escrita, el narrador es explícitamente homosexual (o como mínimo, no siente atracción sexual ni romántica por las mujeres). Su relación con Holly Golightly es de pura devoción platónica, fascinación y complicidad entre dos "parias" o marginados en la sociedad neoyorquina. No hay una historia de amor heterosexual ni un romance entre ellos.

En la novela, la propia Holly tiene una visión de la sexualidad mucho más libre, ambigua y abierta para los estándares de los años 50.Holly habla abiertamente sobre la homosexualidad y declara en el texto que ella misma tiene una faceta bisexual. Llega a decir en un diálogo que "todos lo somos un poco" (en referencia a sentirse atraídos por personas de su mismo sexo) y menciona que no le importaría "casarse con Greta Garbo".

Cuando Paramount decidió llevar la novela al cine en 1961, el Código Hays (la estricta censura cinematográfica estadounidense de la época) prohibía de forma tajante cualquier representación o insinuación explícita de la homosexualidad. Para poder vender la película al gran público y cumplir con la censura

Transformaron al narrador: Convirtieron al joven escritor gay/platónico en un gigoló heterosexual (mantenido por el personaje de Patricia Neal) para que pudiera enamorarse de Holly y así crear la trama de comedia romántica convencional.

Sanearon a Holly: Eliminaron las reflexiones bisexuales de Holly y suavizaron su profesión de cortesana/acompañante para convertirla en una joven extravagante y romántica.

Por tanto, al decir que la película tuvo que limar la «bisexualidad y homosexualidad» del texto de Capote, nos referimos a cómo el estudio hollywoodiense eliminó por completo la diversidad sexual de los personajes originales para convertirlos en una parejita romántica tradicional, de ahí algunos diálogos en la historia que no acaban de encajar incluso esas dinamicas de posesión que citabamos antes.

La banda sonora compuesta por Henry Mancini es la auténtica alma de la película. La inolvidable melodía de «Moon River», con letra de Johnny Mercer, que elevó el tono melancólico del film, aunque estuvo a punto de ser eliminada del montaje final por exigencias del estudio, un error que la propia Audrey Hepburn evitó tajantemente.

El estilismo de Audrey Hepburn, supervisado por la mítica diseñadora de vestuario Edith Head y coronado por el icónico vestido negro diseñado por Hubert de Givenchy, convirtió la imagen de apertura frente al escaparate de Tiffany's en un hito de la cultura visual moderna.

Premios y reconocimientos
34ª Edición de los Premios Oscar (1962):
Ganadora: Mejor Banda Sonora (Drama o Comedia), Henry Mancini.
Ganadora: Mejor Canción Original — Henry Mancini y Johnny Mercer por «Moon River».
Nominaciones: Mejor Actriz Principal (Audrey Hepburn), Mejor Guion Adaptado (George Axelrod) y Mejor Dirección Artística en Color (Hal Pereira, Roland Anderson, Sam Comer, Ray Moyer).

19ª Edición de los Globos de Oro (1962):
Nominaciones: Mejor Película (Comedia) y Mejor Actriz Principal en Comedia o Musical (Audrey Hepburn).

Sinopsis
Holly Golightly es una bella e impredecible joven neoyorquina de 19 años que lleva una vida aparentemente alocada y sofisticada. Tras abandonar un pasado humilde en el campo, Holly intenta sobrevivir en la gran ciudad a costa de pequeños regalos y propinas de sus adinerados acompañantes nocturnos, mientras sueña con encontrar la estabilidad junto a un marido millonario. Su rutina se convulsiona con la llegada de Paul Varjak, un joven escritor bloqueado que se muda al apartamento superior y que vive mantenido por una mujer madura. Entre ambos surge una complicidad íntima que pondrá a prueba las corazas emocionales y las mentiras con las que ambos protegen su vulnerabilidad.

Dirección: Blake Edwards
Reparto: Audrey Hepburn, George Peppard, Patricia Neal, Buddy Ebsen, Martin Balsam, José Luis de Vilallonga, Mickey Rooney
Guion: George Axelrod (Basado en la novela de Truman Capote)
Fotografía: Franz Planer
Montaje: Howard Smith
Música: Henry Mancini








miércoles, 16 de septiembre de 2026

Rever: Tal como éramos

Si hace pocos días os proponía rever otra gran película de Sydney Pollack, Los tres días del Cóndor, con Robert Redford, hoy os propongo una anterior, Tal como éramos, The Way We Were del mismo director y con el mismo protagonista. Y es que hemos de aprovechar que Redford cumpliría este 2026 nada menos que 90 años y el día de hoy se cumple el primer aniversario de su fallecimiento.

Antes de firmar obras maestras de la talla de Memorias de África o la mencionada cinta de espionaje, Pollack reunió a Robert Redford y a una arrolladora Barbra Streisand en esta pasional, amarga y desgarradora historia de amor y madurez.

‘Mr. Mainstream’, como al propio director le gustaba definirse, siempre se caracterizó por hablar un lenguaje cinematográfico absolutamente claro y diáfano. Los espectadores y las numerosas estrellas a las que dirigió a lo largo de más de 40 años de trabajo así pueden testificarlo. Una de ellas, Robert Redford, fue uno de sus mejores amigos: rodó siete películas a su lado y juntos fundaron el célebre Festival de Sundance.

En Tal como éramos (The Way We Were, 1973), Pollack nunca propuso un romance convencional. El contraste físico e ideológico entre la pareja protagonista fue tan explosivo como eficaz, y la química que se estableció entre Redford y Streisand traspasó la pantalla fulminantemente. Porque el amor es un complejísimo chispazo que siempre se produce en el momento más inesperado con la persona más imprevisible. Vemos cómo un hombre y una mujer luchan por salvar obstáculos, por vencer prejuicios o por enarbolar nuevas esperanzas.

La trama de la película se despliega en una lograda estructura en tres tiempos: los años 30 en la universidad, los convulsos 40 con el reencuentro en plena Segunda Guerra Mundial y el esplendor de Hollywood, y finalmente los años 60 en Nueva York.

Más allá del melodrama, el gran pilar de la película es la militancia política incansable de Katie Morosky (Barbra Streisand) y las amargas controversias de una época convulsa. La película aborda de frente la nefasta "caza de brujas" del macartismo en Hollywood, las listas negras y la persecución de la disidencia ideológica. Mientras Katie palpa sus emociones desde la coherencia y el compromiso infranqueable con sus ideas, Hubbell Gardiner (Robert Redford) representa a ese perfil más distante, el genio talentoso pero cómodo que termina cediendo a lo que se espera de él, claudicando y renunciando al compromiso político a cambio de no arruinar su carrera como guionista en la industria.

Nos recuerda cómo el sistema empuja muchas veces al individuo a la autocensura o al conformismo, mientras que mantenerse firme en los principios conlleva una inevitable marginación. La historia se convierte así en un texto recomendable donde la ideología desplaza al simple gusto y el drama político sobrepasa al romance tradicional.

En su estreno, la película generó pasiones enfrentadas entre la crítica de la época. El emotivo final con el tema principal interpretado por la propia Barbra Streisand, que suena a lo largo de la cinta varias veces es conmovedor, pero al mismo tiempo no convence ese tipo de amor que dura hasta la muerte, pero que no puede tener un final feliz porque no está hecho para la convivencia no parece muy realista, aunque un triste final siempre resulta tremendamente eficaz en términos lacrimógenos.

Interpretación completa: https://youtu.be/_K2_Kl36IEA


Producida con un presupuesto de 15 millones de dólares, la película fue un auténtico fenómeno comercial, recaudando cerca de 50 millones de dólares en la taquilla estadounidense.

En los Premios Óscar (1973), cosechó 6 nominaciones y se alzó con dos estatuillas cinematográficas decisivas:

Óscar a la Mejor Banda Sonora Original (Marvin Hamlisch)
Óscar a la Mejor Canción Original ("The Way We Were", de Marvin Hamlisch, Marilyn Bergman y Alan Bergman, interpretada por Barbra Streisand)
Nominación a la Mejor Actriz (Barbra Streisand)
Nominación a la Mejor Dirección de Fotografía (Harry Stradling Jr.)
Nominación a la Mejor Dirección Artística (Stephen B. Grimes y William Kiernan)
Nominación al Mejor Vestuario (Dorothy Jeakins y Moss Mabry)

Además, obtuvo el Globo de Oro a la Mejor Canción Original (junto a la nominación de Streisand como mejor actriz) y una nominación en los premios BAFTA a la mejor actriz.

Sinopsis:
Hubbell Gardiner y Katie Morosky son dos estudiantes universitarios con caracteres e ideologías diametralmente opuestas. Hubbell es un atractivo atleta, con clase, un gran conquistador y amante de la buena vida con talento para la escritura. Katie es una militante marxista con una decidida vocación política, combativa e intransigente con sus ideales. Años después de su etapa académica, sus caminos se cruzan en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de sus insalvables diferencias, se enamoran y se casan. Sin embargo, cuando se trasladan a Hollywood para impulsar la carrera de Hubbell como guionista, el asfixiante ambiente de la "caza de brujas" anticomunista y las cesiones éticas de él pondrán a prueba su matrimonio hasta límites insostenibles.

Dirección: Sydney Pollack
Reparto: Barbra Streisand, Robert Redford, Bradford Dillman, Lois Chiles, Patrick O'Neal, Viveca Lindfors, Allyn Ann McLerie, Herb Edelman
Guion: Arthur Laurents (basado en su propia novela)
Fotografía: Harry Stradling Jr.
Montaje: Margaret Booth
Música: Marvin Hamlisch





jueves, 10 de septiembre de 2026

Rever: Paseando a Miss Daisy

Propongo rever Paseando a Miss Daisy, Driving Miss Daisy, 1989, una joya cinematográfica que, más allá de ser un entrañable relato de amistad a lo largo de un cuarto de siglo, se erige como un sutil e imprescindible espejo sociocultural. Dirigida por Bruce Beresford y basada en la aclamada obra teatral de Alfred Uhry, esta cinta nos invita a reflexionar sobre la dignidad en el ocaso de la vida, el valor de la tolerancia frente a los prejuicios y las inercias de una sociedad dominada por la segregación y el conservadurismo.

Maravilloso drama, de hondos sentimientos que se demuestran con suavidad y honestidad. Paseando a Miss Daisy es una obra sencilla pero infinitamente conmovedora. Las interpretaciones de la pareja protagonista son soberbias: Jessica Tandy ofrece un retrato memorable como Miss Daisy, encarnando con obstinada terquedad e incredulidad el paso inexorable del tiempo y los temores de la vejez; por su parte, Morgan Freeman deslumbra en otra actuación magistral, repleta de paciencia, dignidad, calidez y sabiduría popular. Asimismo, destaca un sorprendente Dan Aykroyd, en uno de los papeles dramáticos más sólidos de su carrera. La dirección de Beresford destaca por eludir el efectismo y la demagogia, construyendo una atmósfera donde la cotidianidad de vidas sencillas se convierte en poesía pura.

Aunque ambientada en la Georgia (Estados Unidos) de mediados del siglo pasado (un contexto sociohistórico marcado por la segregación racial y las tensiones contra las minorías judías y afroamericanas), la película adquiere un valor profético que conecta directamente con los debates y problemáticas contemporáneas.

Uno de los grandes aciertos de la cinta es cómo retrata el contexto histórico de la época a través del trasfondo de violencia e intolerancia. La película no elude acontecimientos verdaderos desgarradores, como el atentado con bomba contra la sinagoga de Atlanta (The Temple) o la constante sombra amenazante de los atentados del Ku Klux Klan. Cuando la sinagoga de Miss Daisy sufre el ataque con dinamita, la anciana reacciona con estupor e incredulidad, mientras Hoke, con triste resignación, le recuerda la cruda realidad del odio racial y religioso en el Sur ("Usted sabe tan bien como yo quiénes han sido"). Este paralelismo entre la discriminación que sufren tanto la comunidad negra como la judía sirve hoy como un poderoso recordatorio frente a los brotes contemporáneos de racismo, antisemitismo y discursos de odio.


Otra de las escenas y más brillantes y reveladoras de toda la película es en la que Hoke (Morgan Freeman) le solicita un aumento de sueldo a Boolie (Dan Aykroyd), tras revelarle con picardía que la competencia le ha hecho una oferta tentadora.

Hoke no pide el aumento desde la suplica o el victimismo, sino desde el reconocimiento de su propio valor. En una sociedad segregada que sistemáticamente invisibilizaba el trabajo de las personas de raza negra, Hoke demuestra una inteligencia estratégica impecable. Sabe que se ha vuelto indispensable para la familia y utiliza las reglas del propio juego capitalista (la ley de la oferta y la demanda) a su favor.

Al soltar la frase de que "se siente uno bien cuando se lo rifan" ("It feels good to be wanted"), Hoke reivindica algo que va mucho más allá del dinero: la validación profesional y el orgullo personal. Tras décadas de trato servil en el Sur, experimentar por primera vez que su trabajo es codiciado y valorado por diferentes empleadores le devuelve una profunda cota de dignidad.

Esta secuencia refleja a la perfección la ironía de las clases acomodadas de la época. Boolie aprecia sinceramente a Hoke y sabe lo difícil que es bregar con el carácter de su madre, pero como empresario y burgués, no le aumentará el sueldo de forma espontánea hasta que no ve amenazada su propia comodidad.

Hoke comprende esta dinámica a la perfección y no siente culpa al presionar a Boolie. Con una sonrisa serena y educada pero firme, le demuestra a su patrón que, aunque sea un sirviente en apariencia, él es el dueño de su tiempo y de su trabajo.


Especial atención merece la dimensión pedagógica e intergeneracional de la cinta. A lo largo de los años, vemos cómo Miss Daisy, antigua maestra de escuela, enseña a leer a un Hoke ya adulto con infinita paciencia. Ese acto de generosidad y educación germina de la forma más bella en el tramo final de la película: cuando Boolie le pregunta a un anciano Hoke cómo ha logrado llegar hasta allí, el chófer le revela con orgullo que lo ha traído su nieta, quien actualmente es profesora en el Spelman College (una emblemática universidad históricamente negra).

Esta revelación, de una sutileza arrolladora, funciona como una magistral alegoría del cambio social y el avance de los derechos civiles: En dos generaciones, la familia de Hoke pasa de la analfabetización forzada y la sumisión servil de los años 40 a ostentar la cúspide de la docencia universitaria y la independencia profesional en los años 70. - El círculo se cierra con una emotiva justicia poética: la anciana profesora judía que enseñó a leer al abuelo ve, de forma indirecta, cómo ese legado del saber ha convertido a la nieta de este en una referente académica para las nuevas generaciones de mujeres negras.

Excelente maquillaje y caracterización: Uno de los logros más deslumbrantes de la producción fue su equipo de maquillaje y peluquería. Gracias a un trabajo excepcional, la evolución física de los múltiples personajes a lo largo de más de 20 años está increíblemente lograda, mostrando de forma natural, realista y digna el envejecimiento orgánico de los protagonistas sin caer jamás en la caricatura.

El paso del tiempo en los detalles cotidianos: La temporalidad y el discurrir de los años están magistralmente expresados sin necesidad de intertítulos intrusivos. La película utiliza refinados elementos de dirección de arte: el cambio en los modelos de los coches (del clásico Hudson Commodore a los majestuosos Cadillac de distintas épocas), las tarjetas de Navidad que se intercambian, los calendarios en las paredes y la evolución de la publicidad comercial e industrial que adorna los escenarios.

La película se rodó principalmente en diversas localizaciones de Georgia, incluyendo Atlanta y la histórica zona de Druid Hills, retratando el tránsito de la sociedad sureña desde los años 40 hasta principios de los 70.

Premios Oscar (1989): Obtuvo 9 nominaciones en total, convirtiéndose en una de las grandes triunfadoras de la 62.ª edición de los Oscar con:

Cuatro estatuillas: Mejor Película, Mejor Actriz Principal (Jessica Tandy, quien a sus 80 años se convirtió en la intérprete de mayor edad en ganar la estatuilla), Mejor Guion Adaptado (Alfred Uhry) y Mejor Maquillaje (Manlio Rocchetti, Lynn Barber y Kevin Haney.)

Cinco nominaciones: Mejor Actor Principal (Morgan Freeman), Mejor Actor de Reparto (Dan Aykro, yd), Mejor Dirección Artística / Diseño de ProducciónMejor Diseño de Vestuario y Mejor Montaje

Globos de Oro (1989): Ganadora de 3 premios (Mejor Película Comedia/Musical, Mejor Actor y Mejor Actriz).

Festival de Berlín: Reconocimiento con el Oso de Plata a la mejor actuación conjunta para Jessica Tandy y Morgan Freeman.

Sinopsis:
Miss Daisy (Jessica Tandy), una antipática profesora jubilada de 72 años y viuda judía de buena posición económica, sufre un percance al volante. Temiendo un accidente grave o el caos circulatorio, su hijo Boolie (Dan Aykroyd) decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman), un chófer afroamericano de carácter tranquilo y bonachón. Al principio, la anciana se resiste a aceptar la ayuda de Hoke por no sentirse inútil. Sin embargo, con paciencia, educación y humanidad, Hoke irá venciendo las barreras iniciales hasta forjar una incondicional amistad de 25 años.

Dirección: Bruce Beresford
Reparto: Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd, Patti LuPone, Esther Rolle.
Guion: Alfred Uhry (basado en su propia obra de teatro)
Fotografía: Peter James
Montaje: Mark Warner
Música: Hans Zimmer

Presupuesto: 7,5 M$ | Recaudación: 145, 8 M$

La película puede verse en:
Movistar Plus+, FlixOlé y en plataformas como Apple TV, Prime Video y Google TV.






miércoles, 9 de septiembre de 2026

Curiosidades

Recorriendo el barrio me he dado cuenta de la cantidad de persianas que están pintadas con una belleza muy particular, increíbles grafiteros con sus pinturas y sus espráis pueden ser contratados para decorarlas.