Propongo rever Paseando a Miss Daisy, Driving Miss Daisy, 1989, una joya cinematográfica que, más allá de ser un entrañable relato de amistad a lo largo de un cuarto de siglo, se erige como un sutil e imprescindible espejo sociocultural. Dirigida por Bruce Beresford y basada en la aclamada obra teatral de Alfred Uhry, esta cinta nos invita a reflexionar sobre la dignidad en el ocaso de la vida, el valor de la tolerancia frente a los prejuicios y las inercias de una sociedad dominada por la segregación y el conservadurismo.
Maravilloso drama, de hondos sentimientos que se demuestran con suavidad y honestidad. Paseando a Miss Daisy es una obra sencilla pero infinitamente conmovedora. Las interpretaciones de la pareja protagonista son soberbias: Jessica Tandy ofrece un retrato memorable como Miss Daisy, encarnando con obstinada terquedad e incredulidad el paso inexorable del tiempo y los temores de la vejez; por su parte, Morgan Freeman deslumbra en otra actuación magistral, repleta de paciencia, dignidad, calidez y sabiduría popular. Asimismo, destaca un sorprendente Dan Aykroyd, en uno de los papeles dramáticos más sólidos de su carrera. La dirección de Beresford destaca por eludir el efectismo y la demagogia, construyendo una atmósfera donde la cotidianidad de vidas sencillas se convierte en poesía pura.
Aunque ambientada en la Georgia (Estados Unidos) de mediados del siglo pasado (un contexto sociohistórico marcado por la segregación racial y las tensiones contra las minorías judías y afroamericanas), la película adquiere un valor profético que conecta directamente con los debates y problemáticas contemporáneas.
Uno de los grandes aciertos de la cinta es cómo retrata el contexto histórico de la época a través del trasfondo de violencia e intolerancia. La película no elude acontecimientos verdaderos desgarradores, como el atentado con bomba contra la sinagoga de Atlanta (The Temple) o la constante sombra amenazante de los atentados del Ku Klux Klan. Cuando la sinagoga de Miss Daisy sufre el ataque con dinamita, la anciana reacciona con estupor e incredulidad, mientras Hoke, con triste resignación, le recuerda la cruda realidad del odio racial y religioso en el Sur ("Usted sabe tan bien como yo quiénes han sido"). Este paralelismo entre la discriminación que sufren tanto la comunidad negra como la judía sirve hoy como un poderoso recordatorio frente a los brotes contemporáneos de racismo, antisemitismo y discursos de odio.
Otra de las escenas y más brillantes y reveladoras de toda la película es en la que Hoke (Morgan Freeman) le solicita un aumento de sueldo a Boolie (Dan Aykroyd), tras revelarle con picardía que la competencia le ha hecho una oferta tentadora.
Hoke no pide el aumento desde la suplica o el victimismo, sino desde el reconocimiento de su propio valor. En una sociedad segregada que sistemáticamente invisibilizaba el trabajo de las personas de raza negra, Hoke demuestra una inteligencia estratégica impecable. Sabe que se ha vuelto indispensable para la familia y utiliza las reglas del propio juego capitalista (la ley de la oferta y la demanda) a su favor.
Al soltar la frase de que "se siente uno bien cuando se lo rifan" ("It feels good to be wanted"), Hoke reivindica algo que va mucho más allá del dinero: la validación profesional y el orgullo personal. Tras décadas de trato servil en el Sur, experimentar por primera vez que su trabajo es codiciado y valorado por diferentes empleadores le devuelve una profunda cota de dignidad.
Esta secuencia refleja a la perfección la ironía de las clases acomodadas de la época. Boolie aprecia sinceramente a Hoke y sabe lo difícil que es bregar con el carácter de su madre, pero como empresario y burgués, no le aumentará el sueldo de forma espontánea hasta que no ve amenazada su propia comodidad.
Hoke comprende esta dinámica a la perfección y no siente culpa al presionar a Boolie. Con una sonrisa serena y educada pero firme, le demuestra a su patrón que, aunque sea un sirviente en apariencia, él es el dueño de su tiempo y de su trabajo.
Especial atención merece la dimensión pedagógica e intergeneracional de la cinta. A lo largo de los años, vemos cómo Miss Daisy, antigua maestra de escuela, enseña a leer a un Hoke ya adulto con infinita paciencia. Ese acto de generosidad y educación germina de la forma más bella en el tramo final de la película: cuando Boolie le pregunta a un anciano Hoke cómo ha logrado llegar hasta allí, el chófer le revela con orgullo que lo ha traído su nieta, quien actualmente es profesora en el Spelman College (una emblemática universidad históricamente negra).
Esta revelación, de una sutileza arrolladora, funciona como una magistral alegoría del cambio social y el avance de los derechos civiles: En dos generaciones, la familia de Hoke pasa de la analfabetización forzada y la sumisión servil de los años 40 a ostentar la cúspide de la docencia universitaria y la independencia profesional en los años 70. - El círculo se cierra con una emotiva justicia poética: la anciana profesora judía que enseñó a leer al abuelo ve, de forma indirecta, cómo ese legado del saber ha convertido a la nieta de este en una referente académica para las nuevas generaciones de mujeres negras.
Excelente maquillaje y caracterización: Uno de los logros más deslumbrantes de la producción fue su equipo de maquillaje y peluquería. Gracias a un trabajo excepcional, la evolución física de los múltiples personajes a lo largo de más de 20 años está increíblemente lograda, mostrando de forma natural, realista y digna el envejecimiento orgánico de los protagonistas sin caer jamás en la caricatura.
El paso del tiempo en los detalles cotidianos: La temporalidad y el discurrir de los años están magistralmente expresados sin necesidad de intertítulos intrusivos. La película utiliza refinados elementos de dirección de arte: el cambio en los modelos de los coches (del clásico Hudson Commodore a los majestuosos Cadillac de distintas épocas), las tarjetas de Navidad que se intercambian, los calendarios en las paredes y la evolución de la publicidad comercial e industrial que adorna los escenarios.
La película se rodó principalmente en diversas localizaciones de Georgia, incluyendo Atlanta y la histórica zona de Druid Hills, retratando el tránsito de la sociedad sureña desde los años 40 hasta principios de los 70.
Premios Oscar (1989): Obtuvo 9 nominaciones en total, convirtiéndose en una de las grandes triunfadoras de la 62.ª edición de los Oscar con:
Cuatro estatuillas: Mejor Película, Mejor Actriz Principal (Jessica Tandy, quien a sus 80 años se convirtió en la intérprete de mayor edad en ganar la estatuilla), Mejor Guion Adaptado (Alfred Uhry) y Mejor Maquillaje (Manlio Rocchetti, Lynn Barber y Kevin Haney.)
Cinco nominaciones: Mejor Actor Principal (Morgan Freeman), Mejor Actor de Reparto (Dan Aykro, yd), Mejor Dirección Artística / Diseño de ProducciónMejor Diseño de Vestuario y Mejor Montaje
Globos de Oro (1989): Ganadora de 3 premios (Mejor Película Comedia/Musical, Mejor Actor y Mejor Actriz).
Festival de Berlín: Reconocimiento con el Oso de Plata a la mejor actuación conjunta para Jessica Tandy y Morgan Freeman.
Sinopsis:
Miss Daisy (Jessica Tandy), una antipática profesora jubilada de 72 años y viuda judía de buena posición económica, sufre un percance al volante. Temiendo un accidente grave o el caos circulatorio, su hijo Boolie (Dan Aykroyd) decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman), un chófer afroamericano de carácter tranquilo y bonachón. Al principio, la anciana se resiste a aceptar la ayuda de Hoke por no sentirse inútil. Sin embargo, con paciencia, educación y humanidad, Hoke irá venciendo las barreras iniciales hasta forjar una incondicional amistad de 25 años.
Dirección: Bruce Beresford
Reparto: Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd, Patti LuPone, Esther Rolle.
Guion: Alfred Uhry (basado en su propia obra de teatro)
Fotografía: Peter James
Montaje: Mark Warner
Música: Hans Zimmer
Presupuesto: 7,5 M$ | Recaudación: 145, 8 M$
La película puede verse en:
Movistar Plus+, FlixOlé y en plataformas como Apple TV, Prime Video y Google TV.



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