Es momento de rever, Sabrina (1954). Más allá de su célebre fachada de cuento de hadas hollywoodiense, la obra de Billy Wilder se revela hoy como una punzante comedia social satírica. Una cinta que disecciona con cirujana ironía la inmovilidad de las clases sociales, la frialdad corporativa frente a los afectos y la instrumentalización del cosmopolitismo como vía de escape a la rigidez del entorno de origen.
Análisis crítico y reflexiones sobre el film:
Nos encontramos ante una propuesta cinematográfica tan sofisticada como profundamente irónica, donde Wilder demuestra su maestría para deconstruir la mitología romántica a través del cinismo constructivo. La película se sostiene sobre un triángulo interpretativo colosal: la belleza, naturalidad y elegancia magnética de Audrey Hepburn, la galantería y el encanto chulesco de William Holden, y la madurez cerebral de un Humphrey Bogart que, pese a su conocida frialdad detrás de las cámaras y su tremenda incomodidad con el personaje, dota a Linus de una contención y una melancolía secas que elevan el relato por encima del sentimentalismo barato.
Aunque la cinta se disfrace de una mezcla naif entre Cenicienta y El patito feo, vista con ojos del siglo XXI funciona como un espejo perfecto de las tensiones de clase y la precariedad laboral. Sabrina encarna a la hija del chófer, atrapada en los límites físicos e invisibles de la cochera de una gran mansión de Long Island. Su viaje a París opera como la fantasía de la emancipación a través de la formación y el capital cultural, una realidad plenamente conectada con las problemáticas actuales de la juventud que se ve obligada a emigrar ante la falta de horizontes en su lugar de origen. Su regreso no es la sumisión de una mujer al matrimonio idílico, sino un astuto juego de máscaras para presentar batalla en la disputa por el poder: Sabrina no anhela simplemente casarse con su príncipe azul, su verdadera motivación es pertenecer a un mundo del que hasta entonces solo había sido espectadora. Utiliza la sofisticación europea como arma de asimilación para romper la barrera de clases.
La trama se desata cuando el Imperio Larrabee ve peligrar una fusión empresarial millonaria basada en el negocio de los plásticos —profético apunte de Wilder sobre el material que definiría el consumo global— debido al capricho amoroso del hermano menor. Linus, el tiburón corporativo, representa el capital más despiadado: aquel dispuesto a planificar matrimonios concertados en pro del beneficio financiero. La célebre frase de Linus, "París es para los amantes. Tal vez por eso solo he estado allí treinta y cinco minutos", sintetiza la deshumanización de una élite volcada en la productividad que ve el espacio y el ocio como meras métricas de rendimiento. Wilder se burla con saña de la sumisión de clase parodiando el melodrama en la nota de suicidio fallida del inicio, enseñándonos que el ascenso social exige despojarse del sentimentalismo y dominar los rituales del adversario.
El clímax de la hipocresía de clase de la élite de Long Island se condensa en un diálogo magistralmente cínico pronunciado por el patriarca de la familia, Oliver Larrabee. Cuando este se escandaliza ante la posibilidad de que su estirpe se mezcle con la hija de un asalariado, Linus le recuerda con total frialdad de dónde proviene, en realidad, la fortuna familiar, provocando la capitulación de su padre.
“Thomas Larrabee fue colgado por piratería. Benjamin Larrabee era traficante de esclavos... De acuerdo, de acuerdo, eran hombres de negocios corrientes de su época. ¡Pero ninguno de ellos se casó con la hija del chófer!”
Este fragmento es oro puro para el análisis sociológico contemporáneo. Wilder expone, sin ningún tipo de anestesia, el mito fundacional de las grandes fortunas y las dinastías financieras. El patriarca asume con naturalidad y absoluta normalidad histórica que el origen de su capital financiero e inmobiliario está cimentado sobre crímenes atroces, el colonialismo extractivo y la deshumanización absoluta (la piratería y la trata de personas de sus antepasados). Para la mentalidad de la alta burguesía, aquellos crímenes no eran más que "negocios normales de la época". Sin embargo, el verdadero "crimen" imperdonable, el único tabú capaz de quebrar el orden social y amenazar el estatus de la familia, no es la violencia del capital original, sino la mezcla de sangres con la clase trabajadora. La pureza de clase se defiende con más ahínco que la moral humana.
El origen del proyecto está envuelto en mitos: mientras unos señalan que la propia Hepburn impulsó la compra de los derechos de la fracasada obra teatral de Samuel Taylor Sabrina Fair (1953), otros apuntan al ojo clínico de Wilder. Lo cierto es que el director atravesaba un complejo interregno creativo tras separarse de su coguionista Charles Brackett. Samuel Taylor se sumó para adaptar su obra, pero abandonó al ver cómo Wilder destrozaba su texto original. Entró entonces en escena Ernest Lehman, quien vivió un auténtico calvario escribiendo diálogos minutos antes de rodar en las habitaciones del hotel St. Regis. Las exigencias de Wilder llevaron a Lehman al borde de una crisis nerviosa que lo confinó dos días en cama; un sadismo creativo que Wilder ya había aplicado a Raymond Chandler en Pacto de sangre. Incluso, para ganar tiempo de escritura sin desatar la furia de Bogart, el director le pidió a Audrey Hepburn que fingiera jaquecas y gripes para suspender jornadas de filmación.
El rodaje itinerante comenzó en septiembre de 1953 en Long Island Sound, en la mansión real de Barney Balaban (jefe de la Paramount). Los fuertes vientos del Atlántico boicotearon la filmación y los toscos trucajes visuales de las transparencias en la estación de tren de Glen Cove obligaron a Wilder a exigir repetir la icónica escena del regreso en una localización real al volver a Los Ángeles. Esta escena era crucial: David (Holden) es incapaz de reconocer a la hija de su chófer hasta que no se presenta envuelta en la sofisticación de la alta costura.
El vestuario fue otra encarnizada batalla. Por consejo de su esposa, Wilder recurrió a un joven Hubert de Givenchy, cuando el diseñador Hubert de Givenchy recibió la llamada de la productora diciendo que "Miss Hepburn" quería reunirse con él en París para diseñar el vestuario de su nueva película, él se emocionó muchísimo pensando que se trataba de la gran Katharine Hepburn. Cuando abrió la puerta de su taller y vio aparecer a la joven Audrey, se llevó una sorpresa enorme porque esperaba a la otra actriz. Al final, se hicieron amigos inseparables y ella se convirtió en su musa para siempre. Ante la negativa de la Paramount a costear la alta costura —amenazando con descontarlo del sueldo de Audrey— se llegó al pacto de silenciar al francés en unos créditos monopolizados por Edith Head. Mientras tanto, Bogart mitigaba su exclusión del romance real entre Hepburn y Holden —quienes mantuvieron un idilio secreto durante el rodaje— a base de desplantes y vasos de whisky escocés. Bogart, que sustituyó a Cary Grant a última hora y se sentía fuera de su hábitat sin las armas de Casablanca, le espetó a gritos a Wilder tras recibir unos diálogos nuevos: "¿Tienes hijos? ¿Fue tu hija de 13 años la que escribió esto?". Al cruzarse en los pasillos con Clifton Webb en los pasillos de Paramount Estudios y ser preguntado por la "chica de ensueño", Bogart sentenció: "Bien, si te gusta repetir la misma escena 36 veces".
La filmación concluyó el 5 de diciembre de 1953 con 11 días de retraso y 2,2 millones de dólares de presupuesto. Wilder se confirmó aquí como el heredero legítimo de las comedias sofisticadas de Ernst Lubitsch. En su oficina, el director conservaba un cartel con la pregunta que lo salvaba de cualquier bloqueo creativo: ¿Cómo lo haría Lubitsch?. En Sabrina, Wilder usó los clichés y la fascinación que los estadounidenses sienten por la cultura francesa para criticar o burlarse sutilmente de la clase alta de Estados Unidos., visible en el uso de la melodía "Isn’t it Romantic?" Esta canción de fondo ("¿No es romántico?") suena de manera repetitiva en la película. Irónicamente, no es una canción francesa, sino un clásico del teatro musical estadounidense (de Rodgers y Hart). Se utiliza una música que habla de "romance" para vestir escenas donde los ricos se comportan de forma fría, calculadora y rígida. Es una burla elegante.
Premios y Reconocimientos
Cuando se anunció el proyecto de Sabrina, muchos críticos miraban la película con desconfianza. Pensaban que sería una "obra menor", una comedia comercial simple y blanda, especialmente viniendo de un director como Billy Wilder, que se había consagrado con dramas oscuros, ácidos y respetados como Pacto de sangre o El ocaso de una vida.
Sin embargo, en cuanto la película se estrenó en los cines y se convirtió en un gran éxito de público, la crítica de los diarios y revistas locales (tanto en Estados Unidos como en España) tuvo que rectificar de inmediato. Se dieron cuenta de que no era una simple comedia romántica, sino una sátira inteligentísima y de una enorme calidad técnica. De ahí que pasara de ser prejuzgada como un producto comercial a ser "revalorizada" y premiada por los círculos de críticos (como el CEC en España).
La Paramount supo capitalizar un hito irrepetible: tener al frente a cuatro ganadores del Oscar (Bogart, Holden, Hepburn y Wilder).
27ª Edición de los Premios Oscar (1955):
Ganadora: Mejor Diseño de Vestuario en Blanco y Negro, Edith Head.
Nominaciones: Mejor Director (Billy Wilder), Mejor Actriz Principal (Audrey Hepburn), Mejor Guion (Billy Wilder, Samuel A. Taylor, Ernest Lehman), Mejor Fotografía en Blanco y Negro (Charles Lang Jr.) y Mejor Dirección Artística en Blanco y Negro (Hal Pereira, Walter Tyler, Sam Comer, Ray Moyer).
12ª Edición de los Globos de Oro (1955):
Ganadora: Mejor Guion (Billy Wilder, Samuel A. Taylor, Ernest Lehman).
Ficha Técnica
Dirección: Billy Wilder
Reparto: Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, William Holden, Walter Hampden, John Williams
Guion: Billy Wilder, Ernest Lehman, Samuel A. Taylor (Basado en la obra de teatro de Samuel A. Taylor)
Fotografía: Charles Lang (B&N)
Montaje: Arthur P. Schmidt
Música: Frederick Hollander (Canciones de Rodgers y Hart)
Sinopsis
Sabrina Fairchild, la joven hija del chófer de la suntuosa mansión Larrabee, regresa de París completamente transformada en una mujer sofisticada y cosmopolita. Su nueva e imponente presencia desestabiliza por completo el orden clasista de la familia: el frívolo playboy David cae rendido a sus pies, poniendo en riesgo una fusión corporativa multimillonaria. Esto obliga a Linus, el implacable hermano mayor y cerebro financiero del imperio, a trazar un frío plan de seducción y engaño para apartar a la joven de su hermano, desatando una guerra psicológica donde los intereses económicos, las máscaras sociales y el deseo de pertenencia terminarán por desarmar sus propios y cínicos planes.
Décadas más tarde, en 1995, Sydney Pollack intentaría emular su encanto en un remake homónimo protagonizado por Harrison Ford y Julia Ormond.
Podéis verla en Filmin: https://www.filmin.es/pelicula/sabrina





















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