El viaje a ninguna parte

El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, 1986.

En una década de los 80 en la que las comedias comerciales y el destape tardío dominaban las carteleras, El viaje a ninguna parte irrumpió como un milagro cultural a contracorriente. Fernando Fernán Gómez demostró su condición de creador total —firmando la novela, el guion, la dirección y el papel protagonista— para ofrecer una obra monumental que aportó veteranía, oficio y dignidad a nuestra cinematografía. Mientras el panorama cultural de la época, impulsado bajo el gobierno de Felipe González, ponía el foco en la modernidad urbana, la Movida y las corrientes más vanguardistas o juveniles, Fernán Gómez prefirió mirar hacia atrás. Su propuesta, de corte clásico, rural, nostálgico y teatral, chocaba frontalmente con esa corriente "moderna" para rescatar la memoria de los cómicos de la legua. Cuatro décadas después, la cinta sigue siendo un referente generacional que retrata de forma formidable la amargura de los últimos eslabones de una cadena abocada a la derrota frente a los nuevos tiempos.

La recepción en prensa: Entre el aplauso y el escepticismo
Hoy, en pleno siglo XXI, cuando la digitalización y el consumo inmediato en plataformas de streaming amenazan con vaciar las salas tradicionales, esta oda al actor resuena con una vigencia asombrosa al plasmar la eterna resistencia del arte frente a la indiferencia del público y las nuevas dictaduras del entretenimiento.

La recepción inicial de El viaje a ninguna parte en el otoño de 1986 fue mixta y más tibia de lo que la memoria popular recuerda, oscilando entre las duras críticas en el Festival de San Sebastián y la división de opiniones en los diarios madrileños. Aunque se alabaron las interpretaciones y el guion, sectores de la prensa criticaron su ritmo y atmósfera antes de que su triunfo en la primera edición de los Premios Goya en 1987 encumbrara definitivamente la cinta.

Las críticas de la prensa especializada en los días posteriores a su estreno se dividieron principalmente en dos corrientes muy marcadas:

El entusiasmo por la literatura y las actuaciones: Los críticos de diarios de gran tirada nacional destacaron de forma unánime el talento descomunal del reparto y la finura de los diálogos.

El guion y la dirección: Se ensalzó la capacidad de Fernán Gómez para volcar la poética de su novela en imágenes, calificando la película como un "homenaje lírico y necesario" a un oficio en extinción.

Duelo de titanes: Las actuaciones de Fernando Fernán Gómez, José Sacristán y Juan Diego fueron tildadas de "antológicas" y "conmovedoras". La famosa secuencia de Fernán Gómez haciendo de extra fue destacada como una obra de arte en sí misma por su equilibrio entre comedia y drama.

Los reproches a la narrativa y la técnica: Por otro lado, un sector importante de la crítica “especialmente tras su accidentado paso previo por el Festival de San Sebastián” se mostró bastante más severo con el acabado cinematográfico.

Estructura irregular: Se le reprochó ser un retrato "disperso, plano y episódico". Varios cronistas señalaron que la película avanzaba a trompicones y que adolecía de un ritmo excesivamente lento en su tramo central.

Exceso teatral: Algunos analistas de la época criticaron que la puesta en escena resultaba demasiado estática, plana y académica, pareciéndose más a una obra de teatro filmada o a un formato televisivo que a "puro cine".

En resumen, la prensa de 1986 reconoció de inmediato que el texto y las interpretaciones eran excelsas, pero le costó verla como la obra maestra en la que se terminaría convirtiendo meses después tras arrasar en los Premios Goya.

Escenas icónicas:
El humillante papel de extra: Fernando Fernán Gómez protagoniza una de las secuencias más grandes y desternillantes del film. “¡Me cago en el padre de los hermanos Lumière!”: Durante el caótico rodaje de una película de bandoleros, el iracundo director (José María Caffarel) estalla de furia absoluta ante los constantes fallos de dicción de Don Arturo (Fernando Fernán Gómez). Acostumbrado a proyectar la voz sobre el escenario, el viejo cómico de la legua vocaliza de una forma exageradamente teatral y rígida que arruina toma tras toma. Un ataque de rabia legendario que plasma con desternillante amargura el choque insalvable entre el código del teatro clásico y las exigencias del nuevo medio cinematográfico. https://www.youtube.com/watch?v=KPfN2TwoRng

El monólogo del actor invisible: José Sacristán, interpretando a Carlos Galván, clava una intervención descomunal en el tramo final del metraje. No habla desde la individualidad, sino que le pone voz a la tristeza, el esfuerzo y las penas colectivas de todo el grupo de cómicos ambulantes con su inolvidable proclamación: “Nosotros no somos de ninguna parte, somos del camino”. https://www.youtube.com/watch?v=M7FtwZQeleg

La marcha de los trotamundos: No es una secuencia aislada, sino un montaje continuo que vertebra toda la película y sirve de hilo conductor. En ella vemos a la compañía Iniesta-Galván caminando bajo el sol de la meseta, empujando la furgoneta averiada o cargando las maletas de cartón de pueblo en pueblo. A pesar de las posadas sórdidas y el hambre devoradora, sus rostros reflejan un irrompible y conmovedor amor al arte, caminando siempre hacia adelante aunque el destino final sea ninguna parte.

Sinopsis:
Franquismo, años cuarenta. En una compañía de cómicos de la legua (actores ambulantes que no tenían un teatro fijo y viajaban con su compañía de pueblo en pueblo para actuar en cualquier sitio que encontraran), medio emparentados entre sí, aunque no recuerdan con precisión cuál es su parentesco, surgen amores y desamores. Hay separaciones dolorosas y encuentros felices; el trabajo se entremezcla con el amor, los problemas económicos con los familiares, y el hambre con el sueño de alcanzar el triunfo.

Toda esta epopeya de la emblemática compañía Iniesta-Galván es evocada años después a través del recuerdo y la mirada crepuscular de Carlos Galván (José Sacristán) desde la soledad de un asilo. La armonía y la supervivencia de este paraíso itinerante saltan por los aires cuando la llegada de las películas, las nuevas formas de ocio y la indiferencia del público tocan de muerte su modo de vida. Ante la definitiva derrota de su profesión, la farándula mesetaria se ve obligada a deambular de pueblo en pueblo, de tasca en tasca y de batacazo tras batacazo, actuando en cafés de mala muerte o establos adecentados con el único objetivo de apaciguar el hambre y continuar un viaje lírico, melancólico y desolador hacia ninguna parte.

Ficha técnica:
Dirección: Fernando Fernán Gómez
Guion: Fernando Fernán Gómez (Basado en la novela de Fernando Fernán Gómez)
Producción: Maribel Martín y Julián Mateos en colaboración con TVE, Una pareja mítica de actores que se convirtieron en productores independientes valientes (a través de su productora Ganesh), apostando por este proyecto cuando pocos creían en él.
Dirección de Producción: Andrés Santana, (ganador de varios Goyas años después). Él fue quien lidió con la compleja logística de mover al equipo por las localizaciones rurales.
Música/Canciones: Pedro Iturralde
Fotografía: José Luis Alcaine
Montaje: Pablo G. del Amo
Reparto: José Sacristán (Carlos Galván), Fernando Fernán Gómez (Don Arturo), Juan Diego (Sergio Maldonado), María Luisa Ponte (Julia Iniesta), Gabino Diego (Carlitos), Nuria Gallardo (Nini), Agustín González (Zacarías Carpintero) y Laura del Sol (Juanita Plaza)

Anécdotas:
El "Orson Welles" español: Tras el estreno, la prensa y el circuito cinéfilo consolidaron la figura de Fernando Fernán Gómez como un creador total y absoluto, comparándolo de manera habitual con Orson Welles gracias a su impresionante y simultánea capacidad para brillar como novelista, guionista, director y protagonista.

Fidelidad al papel: El mayor logro de Fernán Gómez estribó en su minuciosidad para transferir de manera exacta el espíritu, el lirismo y la desgarradora melancolía de su propia novela homónima a la gran pantalla, algo que muy pocos autores logran al adaptar su propia obra literaria.

Incomprensión internacional: Resulta una paradoja patética y lamentable que esta obra maestra sea apenas conocida fuera de las fronteras españolas, especialmente cuando en aquella época se patrocinaban y subvencionaban con fuerza en festivales extranjeros producciones comerciales de marujeos y sectarismos ideológicos que daban una imagen equivocada de nuestra cultura.

Dirección modélica: El rodaje destaca por una puesta en escena sobria y precisa, con la cámara puesta exactamente donde tiene que estar; una dirección académica y madura que huye por completo del efectismo visual y los movimientos de cámara forzados que empezaban a imponerse a finales de los ochenta.

Premios y nominaciones:
Premios Goya (1987): Los Premios Goya que nacieron en 1987 tuvieron uno de los mejores inicios que pudieron jamás soñar al tener como película ganadora a El viaje a ninguna parte, ya que estamos hablando de una de las mejores películas españolas de la década. En aquella mítica e histórica primera edición, la cinta se coronó como la gran triunfadora absoluta de la noche:

Ganadora:
Mejor Película Ganesh P.C.
Mejor Dirección: Fernando Fernán Gómez
Mejor Guion Original: Fernando Fernán Gómez

Nominada:
Mejor Montaje: Pablo G. del Amo.
Mejor Maquillaje y Peluquería: José Antonio Sánchez

Como anécdota irrepetible de aquella noche del 17 de marzo en el Teatro Lope de Vega de Madrid, Fernando Fernán Gómez no asistió a la gala por motivos personales. El revuelo fue monumental, ya que no solo arrasó con los tres grandes premios de su película, sino que además obtuvo el premio al Mejor Actor Protagonista por Mambrú se fue a la guerra (1985) una descomunal interpretación que, como bien sabéis los lectores habituales, ya hemos reseñado con anterioridad en este blog https://escenascamino.blogspot.com/p/mambru-se-fue-la-guerra.html. El genio cosechó cuatro cabezones en una sola noche y la foto de familia se quedó sin su gran protagonista, quien recogió sus galardones discretamente dos meses más tarde.

Presupuesto y recaudación:
Presupuesto: La cinta fue una producción nacional independiente y de carácter artesanal, financiada de manera humilde por la productora Ganesh P.C. en colaboración con Televisión Española (TVE).

Espectadores en España: Consiguió vender un total exacto de 327.463 entradas en los cines españoles, una cifra espléndida para una propuesta de autor y corte clásico en plenos años ochenta.

Recaudación oficial: Su andadura por la cartelera comercial de la época se cerró con una recaudación de 83.109.117 pesetas (el equivalente a 499.495 €).

Este impecable comportamiento comercial no se debió a una campaña masiva de publicidad, sino al genuino fenómeno del "boca a boca" entre los espectadores y al enorme espaldarazo mediático que supuso coronarse meses después como la gran triunfadora en la mítica e histórica primera edición de los Premios Goya. Ello le garantizó una prolongada e inolvidable segunda vida en los pases televisivos de la época.

Reflexión final:
En una época saturada de producciones cortadas por el mismo patrón, rodadas frente a pantallas verdes, carentes de alma y dominadas por el consumo rápido de las plataformas, revisar El viaje a ninguna parte cuatro décadas después es un soplo de aire puro. Nos recuerda de qué está hecho el verdadero cine: paisajes colosales rodados en entornos reales, un guion soberbio y un retrato de la amargura formidable.

Pero más allá de las interpretaciones descomunales de ese titán de la cultura que fue Fernán Gómez, lo que se te queda grabado a fuego en la memoria no es el individuo, sino el grupo. Esos cómicos que asumen las posadas inmundas, el esfuerzo y las penas no por una visión idílica y romántica del oficio, el propio director recordaba siempre con lucidez que el hambre no se pasa por amor al arte, sino porque la realidad es jodida, sino porque actuar es lo único que saben y quieren hacer.

Aspirar a la gloria en la España de la posguerra era un chiste de mal gusto; lo suyo era pura y dura resistencia frente a la indiferencia de los nuevos tiempos. Por eso, la película ha envejecido como los grandes clásicos: intacta en su belleza lírica y rabiosamente vigente en su poética, melancólica y desoladora defensa de la dignidad frente al olvido. La filmografía española es pródiga en títulos sobre esta época, pero la mayoría son mediocres; esta, sin duda, es cine en mayúsculas.

No os dejéis seducir por el catálogo infinito y vacío del streaming actual; buscad un momento de tranquilidad para descubrir o revisar esta joya mayúscula en pantalla grande si tenéis la oportunidad. Dejad que estos artistas sigan llegando a esa parte desconocida de nosotros para hacernos disfrutar. A fin de cuentas, todos somos un poco como esos cómicos, hacemos camino, hacia ninguna parte.

Actualmente está disponible en Movistar+, FlixOle y en Prime Video.



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