sábado, 8 de agosto de 2026

Rever: La piel quemada

La película que os propongo hoy es La piel quemada, dirigida por Josep Maria Forn en 1967. Una obra indispensable para entender el cine social y el neorrealismo español, que retrata de forma transparente el éxodo rural en la España del desarrollismo y que, vista casi seis décadas después, se convierte en un espejo incómodo sobre las fricciones territoriales y los flujos migratorios de nuestro presente.

Maravilloso drama de corte post-neorrealista, duro, áspero y profundamente reflexivo. La cinta impresiona por su capacidad para conectar épocas: si cambiamos a los campesinos andaluces por los migrantes que llegan hoy a nuestras costas, la radiografía sobre la precariedad y el desarraigo es casi idéntica. Pero donde el film resulta verdaderamente profético y audaz para su tiempo es en el retrato del choque cultural con la Catalunya receptora. La historia expone sin filtros los recelos del sector más burgués o acomodado, el trato al inmigrante como «charnego» y las complejas dinámicas de integración en una sociedad con identidad propia. El incisivo diálogo en catalán que cruzan dos autóctonos mientras observan a las familias recién llegadas —“Aquests són dels bons, que porten els fills per quedar-se...” / “I els fills d'aquests seran més catalanistes que vostè”— condensa con una lucidez pasmosa las tensiones identitarias que terminarían marcando la política autonómica décadas después.

Hay además un detalle tremendo en el guion que resuena con una vigencia demoledora en la España actual: la escena en la que José abandona la pensión. La dueña le confiesa sin pudor que estaba deseando que se marcharan los antiguos inquilinos porque ahora, donde antes alojaba a 2 personas, mete a 4, cobrando mucho más por el hacinamiento. Es imposible no ver aquí lo que sucede actualmente con el acoso inmobiliario, la extinción de las rentas antiguas o la gentrificación voraz que hoy expulsa a los vecinos de sus barrios, convierte las viviendas en pisos turísticos descontrolados e impide a los jóvenes emanciparse o vivir en sus propias ciudades. La codicia especulativa vinculada al boom turístico ya estaba ahí retratada en 1967.

Todo esto viene enmarcado en el contraste visual de las "dos pieles": la piel dorada en la playa por el dinero y el ocio del turismo europeo, frente a la piel quemada por el cemento, la cal y el sol de los obreros que construían los hoteles a pie de playa.

Para lograr este realismo, Josep Maria Forn realizó un rodaje itinerante por los escenarios auténticos donde se producía este fenómeno sociológico. El contraste se consiguió dividiendo la filmación entre el sur agrícola y el norte turístico e industrial:

Guadix y Purullena (Granada): Punto de origen de la familia, donde se grabaron estampas crudas de la vida rural andaluza en las características casas-cueva.
Estación de Benalúa (Granada): Escenario clave de la despedida donde Juana y sus hijos suben al tren para iniciar el éxodo.
Valencia y Barcelona: Ciudades de tránsito y escenarios urbanos para reflejar la dureza del trayecto.
Lloret de Mar (Girona): El destino final y el boom del turismo, rodando directamente en las obras a pie de playa donde los obreros andaluces levantaban la infraestructura hotelera del país.

Para esquivar la censura franquista, Forn disfrazó la trama como si fuera una comedia ligera de ligoteo veraniego en la Costa Brava. La estrategia le sirvió para rodar, pero tras el estreno el régimen castigó la película limitando su distribución y aplicándole una estricta calificación para mayores de 18 años. Como curiosidad, el cartel publicitario de la película fue debidamente censurado para tapar los bikinis de las bañistas, aunque en el metraje final las turistas sí aparecían en bikini. A pesar del tijeretazo, logró la proeza de colar diálogos espontáneos en catalán y la presencia de antiguos combatientes republicanos.

Como anécdota sentimental del rodaje, Josep Maria Forn y la actriz protagonista, Marta May, se enamoraron durante la producción y se casaron al terminar el film, tuvieron 3 hijos y permanecieron juntos hasta el fallecimiento de Forn en octubre de 2021.

A pesar del boicot en las grandes salas por parte de las autoridades de la época, la calidad del film no pasó desapercibida en los círculos especializados. La película cosechó importantes reconocimientos en el ámbito catalán y del periodismo cinematográfico, obteniendo el Premio a la Mejor Película de la Sant Jordi (otorgado por RNE en Catalunya), el premio del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) a la Mejor Actriz para Marta May, y galardones en el Festival de Cine de San Sebastián dentro de las secciones de información.

La piel quemada. 1967

Dirección: Josep Maria Forn
Reparto: Antonio Iranzo, Marta May, Silvia Solar, Luis Valero, Ángel Lombarte, Carlos Otero, Carlos Ronda, Juan Miguel Solano
Guion: Josep Maria Forn
Fotografía: Ricardo Albiñana (B/N)
Montaje: Luis Puigvert
Música: Federico Martínez Tudó

José (Antonio Iranzo) es un albañil andaluz que trabaja de sol a sol en la construcción en Lloret de Mar (Girona). Mientras aguarda la llegada de los suyos, se deja seducir por el ambiente festivo de la Costa Brava y tiene una aventura con una turista belga (Silvia Solar). Paralelamente, en los barrios-cueva de Guadix (Granada), su esposa Juana (Marta May), sus hijos y su hermano inician un interminable viaje en trenes de tercera clase cruzando una España pobre para reunirse con él.

Antonio Iranzo realiza aquí la mejor interpretación de toda su carrera, dando vida a un obrero rudo pero entrañable. Marta May está soberbia en el papel de Juana, transmitiendo una amargura y una dignidad aplastantes con una simple mirada.

Dónde ver la película:
Actualmente se puede ver en la plataforma de streaming Filmin,
así como en copias disponibles en YouTube y de forma periódica en abierto a través de RTVE Play (dentro del catálogo de Historia de nuestro cine).





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